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miércoles, abril 17, 2024

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El árbitro Andrés Rojas, con cierto prestigio dentro del futbol profesional colombiano, por lo menos hasta el pasado domingo, en el partido Pereira – Junior cambió su idoneidad y su buena fama por la indignación de una de las mejores hinchadas del país como la Matecaña, por el desconcierto y el enojo de más de 20 mil espectadores que fueron al estadio Hernán Ramírez y la reprobación de los entendidos en la materia, tanto de los periodistas deportivos como de los mismos árbitros.

El contexto de la fecha, que deja sentimientos encontrados, se resume en que teníamos al Deportivo Pereira 3° en la tabla de posiciones a 3 puntos del liderato, en una racha de 5 victorias en línea y además venía de ganar el clásico cafetero, doblegando al Once Caldas en su propio campo, lo que nunca ni jamás dejará de ser muy significativo.

El ambiente no podía ser el mejor y la hinchada acudió a la cita, aun en el brutal horario del domingo a las 8:30 de la noche. Mi hijo y yo, que estamos abonados, nos tuvimos que poner las pilas para conseguirle boleta a mi hija que se antojó de futbol. Cantamos con entusiasmo los himnos, sobre todo el de Pereira, que es una de las cosas que más me gustan de ir a futbol, todo el estadio es una sola voz, ya tenemos fama por eso.

Rodó el balón, 10 minutos de ímpetu del Pereira que avasalló al Junior pero no pudo concretar, a pesar de haber creado varias oportunidades; el resto del primer tiempo para el olvido; el rival también traía lo suyo y nos fuimos al descanso con dos goles en la mochila.

Nos comimos las crispetas y en un abrir y cerrar de ojos, los barranquilleros aun no se habían acomodado en la cancha, el Depor igualó las acciones en los minutos 3 y 7 del segundo tiempo, con anotaciones de Darwin y Jordan. El alma nos volvió al cuerpo pero la angustia no paró, porque había mucho partido por delante y Junior era muy punzante con un Didier Moreno que, de no haber jugado, otra hubiera sido la historia.

Y pasó lo inimaginable; el partido estaba muy cerrado, con un leve dominio local; corría el minuto 82 cuando Carlos Darwin Quintero, que no hay adjetivos para calificarlo, recupera un balón por la punta izquierda y avanza como una culebra a mil por hora esquivando rivales, se adentra en el área chica, y en un acto de magia se auto habilita, el balón en el forcejeo con el defensa juniorista se levanta y el científico lo volea sólido y lo manda con furia al fondo de la red, Santiago Mele sólo lo vio pasar.

3 a 2, un resultado que era justo para el equipo y para la tribuna, hacíamos historia con la seguidilla de 6 triunfos, el Pereira estaba al tope de la tabla. Pero pasó lo que no podía pasar.  A los 6 minutos de adición llega el tercer gol de Junior el cual es anulado inicialmente y sin duda por el juez de línea, sin embargo el árbitro se ahogó en el mar de las confusiones que le generaron los “genios” del VAR. Andrés Rojas hoy podrá decir misa, pero sabía que había fuera de lugar, lo supo en su momento y lo confirmó luego a solas en la tranquilidad del camerino, Bacca no tenía que tocar nada, con solo moverse ante el lanzamiento de Bocanegra contaminaba la jugada, todo el país lo entendió así, menos los del VAR, ni con el reglamento en la mano y 5 pantallas… muy raro. Un empate con sabor a robo.

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