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jueves, abril 25, 2024

Miscelánea

Es tendencia

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En la anterior Miscelánea me referí al decreto que restringe el consumo de sustancias psicoactivas en espacios públicos en Pereira. La medida, a mi particularmente, que no soy consumidor de alucinógenos pero que tampoco satanizo a quienes sí lo hacen, me ha parecido muy pertinente, puesto que se trata de una actividad perjudicial para la salud y frente a la cual debemos asegurar la protección de los niños, niñas y adolescentes en sus entornos. Los niños y los jóvenes no deberían estar expuestos al humo de la yerba ni a los riesgos de estar en contacto con personas con los sentidos alterados.

Con lo que no estoy de acuerdo es que la restricción y la descalificación que se pretende frente a los consumos perniciosos sea selectiva y no tome en cuenta otros hábitos quizás más nocivos, más catastróficos y más ruinosos. Yo esperaría de la sociedad y de las autoridades la misma alarma y la misma vehemencia para cuidar a los niños niñas y adolescentes, por ejemplo, del consumo de alcohol, costumbre aceptada y frente a la cual casi nadie dice nada.

Desde el punto de vista del descontrol y los daños a la salud ¿Qué diferencia hay entre trabarse y emborracharse? ¿Qué diferencia hay entre la violencia intrafamiliar del borracho o la del marihuanero; ¿Es menos grave si la riña o el accidente de tránsito los generan un borracho o una persona trabada? ¿Es más o es menos responsable el alcohólico que el marihuanero?

A raíz de un incidente con unos borrachos en el municipio de Manzanares, escuché a la Comandante de Policía de Caldas instando a la comunidad al buen comportamiento y al “consumo moderado” de bebidas embriagantes … me sonó raro; no deberíamos instar a nadie a consumir alcohol, ni siquiera de manera moderada.

Pero la culpa no es de la Policía; la autoridad trata de mantener el orden con las herramientas legales y en el escenario social existente donde consumir alcohol no solamente es permitido y tolerado sino que además es importante, porque entre más millones de botellas de aguardiente se vendan mucho mejor para las finanzas del departamento, cuyos recursos paradójicamente están destinados a financiar la salud, y para que las rentas departamentales sean prósperas hay que beber, beber y beber, como lo dicen las canciones, sin ningún recato.

La ocasión puede ser cualquiera, un cumpleaños, la reunión de la oficina, un reencuentro familiar o hasta un bautizo donde el bautizado ni se entera; hay que beber por todo, ah y sobre todo se vale beber en cualquier parte. Si bien las normas permiten controlar el consumo de bebidas embriagantes en el espacio público, como debe ser en cualquier país civilizado, ello se cumple muy poco y mucho menos en los sectores populares.

Entonces, sinceremos, cualquier consumo que altera los sentidos debe ser controlado y restringido en el espacio público; no importa si se trata de borrachos o marihuaneros, ambos tienen el mismo derecho al libre desarrollo de la personalidad, pero también tienen la misma obligación de dar buen ejemplo y circunscribir sus actividades ojalá a la privacidad de sus casas o a la soledad de los potreros a donde tiene que irse hoy quien quiera fumarse un cacho de marihuana.

La asimetría en el tratamiento de los vicios es hipócrita e inadmisible

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