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domingo, febrero 25, 2024

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James Cifuentes Maldonado

Columnista

Habida cuenta del paralelismo y el efecto espejo que los medios de comunicación han generado en relación con los procesos políticos en américa latina, pero muy especialmente en lo que hace a Chile y Colombia, por las similitudes de los estallidos sociales en estos países y la coincidencia en el fracaso de una nueva constitución en el primero y la victoria del NO en el plebiscito por la paz en el segundo, encuentro oportuno replicar un fragmento de una publicación atribuida a William Pfaff, a propósito del nacionalismo:

“El nacionalismo, por supuesto, es intrínsecamente absurdo. ¿Por qué el accidente, la desgracia o infortunio de nacer como estadounidense, albanés, escocés o isleño de Fiji debe imponer lealtades que dominan la vida de un individuo y estructurar una sociedad para ponerla en conflicto formal con otras? En el pasado había lealtades locales al lugar y al clan y la tribu, obligaciones, al señor o al terrateniente, guerras dinásticas o territoriales, pero las lealtades primarias eran a la religión, a Dios o al dios-rey, posiblemente al emperador, a una civilización como tal. No había ninguna nación. Había apego a la patria, a la tierra de los padres, o al patriotismo, pero hablar de nacionalismo antes de los tiempos modernos es anacrónico.”.

Si señor el nacionalismo, que cohesiona vastos territorios, como Rusia, India, China o estados Unidos, expresado en entidades geopolíticas y formas de gobierno que antiguamente eran impensables, en los tiempos en que la tierra era plana y  en los que una aldea, una villa o cuando más un principado o un pequeño reino representaba  el universo entero y la base de la cosmogonía de todo un pueblo, unido por sus tradiciones y creencias, pero sobre todo por su proximidad como principio de su identidad cultural, que nada tienen que ver con la era global en la que vivimos actualmente, que favorece la extensión de los dominios de las potencias y nos vuelve una sola masa, bajo un común  denominador implacable: La Economía y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. 

Del planteamiento de William Pfaff puede uno elucubrar que el mundo quizás sería mejor cuando los entornos eran más pequeños y por lo tanto más apacibles, antes de que se saliera de control el instinto predador, expansionista y colonizador del hombre, responsable del exterminio de comunidades enteras, en nombre de la religión, del comercio y por supuesto de la economía. 

Pero no hay nada que hacer, el mundo ya es como es, y hemos llegado al punto de que el desenlace de un ejercicio democrático en un país como Chile resulta clave en el futuro político de otro como Colombia. En Chile en el intento del gobierno de expedir una nueva constitución triunfó el No Apruebo y sus ecos se sintieron en Colombia, como una advertencia de la derecha al presidente Petro de que, aunque la izquierda gobierne, el pueblo no está dispuesto a todo, especialmente si en medio de ello se arriesga la economía, la cual prevalece sobre valores que se creerían más importante como las libertades individuales y la justicia social. 

Lo que ha pasado en Chile es un golpe de realidad para los colombianos que vemos y sentimos, por primera vez, la oposición desde La Derecha.

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