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jueves, abril 25, 2024

Milei vs. Petro

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«Los polos se atraen» dice una ley de la física y parece que también se aplica a la política. Se sorprenderán ustedes al ver la enorme similitud que hay entre los dos gobernantes más abiertamente opuestos del continente americano, Javier Milei y Gustavo Petro. El primero como exponente de la ultraderecha libertaria y el segundo representante de la izquierda extrema.

Ambos son neófitos en el mundo de la administración pública. Llegan al poder sin experiencia en la tarea de gobernar aunque Petro lleva una ligera ventaja por haber sido primero alcalde de la capital de su país, donde mostró esa misma deficiencia. Los dos gobernantes son outsiders que venían de un efímero paso por el Congreso, un escenario legislativo ajeno a las tareas del ejecutivo y los dos alcanzan la presidencia como parte del nuevo fenómeno latinoamericano —y mundial—  en el que han terminado imponiéndose figuras mesiánicas que hechizan con sus promesas de un cambio extremo y la limpieza del sistema. 

En los albores de sus gobiernos y en términos políticos ambos olvidaron estar al frente de países donde existen procedimientos constitucionales e institucionales que se deben observar a la hora de impulsar profundas reformas. Mientras Petro presenta sus contundentes reformas tributaria, de salud, pensional, política y laboral y expide decretos con fuerza de ley, Milei toma decisiones que modifican el marco laboral, desregulan la economía de mercado, privatizan empresas estatales y derogan normas existentes. Todas estas medidas parten de la creencia obcecada de que deben cambiarlo todo y de golpe, con propuestas no concertadas o con la fuerza de los decretos. Al primero se le caen muchos de ellos y al segundo todos los laborales en los tribunales constitucionales.

Todas estas escaramuzas, que los llevan a enfrentarse con los establecimientos políticos, aceleran el desgaste de su popularidad y les origina serios problemas. Las instituciones harán todo lo posible por resistir, envalentonadas con los reveses jurídicos y legislativos.  Para de ambos gobernantes la luna de miel parece terminar muy rápidamente.

Quizás el grave error que ambos cometen es el de desaprovechar su momento estelar y la enorme popularidad que antecede a su llegada al poder para liderar los cambios estructurales que den un vuelco total a lo que existe. En ambos casos esto se traduciría en profundas reformas a la política —el marco que defiende el statu quo— y de esta manera buscar un nuevo escenario que consolide y proyecte el triunfo logrado. Sin una transformación de la política es imposible alcanzar el cambio prometido. Es cuestión de prioridades. Todos reclaman cambios y es sabido, al menos por la experiencia de los latinoamericanos, que estos deben adelantarse progresivamente y no de un tajo.

Otro error conceptual es que las mayorías obtenidas en sus triunfos incluyen a muchas personas que no son radicales y que tan solo esperaban un cambio de rumbo. Ambos presidentes parecen haber perdido este electorado. Petro y Milei también olvidan que son los gobernantes de todos y no solo de sus adeptos, que no todos sus gobernados están de acuerdo con sus propuestas y que los países tienen unas reglas jurídicas que deben seguirse para lograr las reformas. Ambos son extremistas sintonizados con su base.

El camino que les espera es muy espinoso. El panorama en el legislativo es similar para ambos. No poseen las mayorías necesarias para adelantar las reformas que pretenden y ante este panorama crecerá la impaciencia y

apelarán entonces a la movilización de sus seguidores más entusiastas como mecanismo de presión en un peligroso juego que rompe las reglas de la democracia. ¿Serán capaces de apelar a una constituyente? No parecen tener la fuerza necesaria para alcanzar claras mayorías en ellas.

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