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jueves, abril 25, 2024

Mes de la mujer. Liderazgo y poder de género

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A lo largo de la historia han existido dos seres que siempre se han mirado con recelo. Juntos han compartido el cotidiano acontecer de hechos, palabras y acciones sin percatarse, el uno y la otra, de su indiferencia y su olvido milenarios. Con su fatuo y artificioso protagonismo, ambos han intentado vanamente doblegar las fuerzas de la naturaleza y ponerlas al servicio de su creación más excelsa: la cultura. Con libretos cargados de códigos, deberes y normas, estos actores tragicómicos han aceptado sus papeles seculares: él, a través de un falaz estereotipo de género y de un raído “iter gnosis” con su carga gravosa de ideas, juicios y raciocinios, ha personificado el sempiterno y altivo rol de la masculinidad; ella, un ser débil y apocado, ha encarnado el “ethos femenino” con su mundo “atávico, débil y prelógico, infestado de pasiones, sentimientos y emociones” … 

El esfuerzo y el sufrimiento se confundieron con la soberbia, la fuerza y el poder. La vocación y la virtud de la mujer, en su eterno papel de dama de compañía, escoltaron la supuesta capacidad e inteligencia del hombre en sus gloriosas gestas llenas de virilidad y grandeza. Atrás quedaron las deidades matriarcales de Willendorf y Lespugue; ménades, amazonas, sílfides, ninfas y náyades perdieron todo su esplendor; vestales y walquirias, pitias y síbilas, hadas y virginales doncellas encantadas, obligaron a que las mujeres fueran reconocidas, a lo largo y ancho del orbe, como seres intemporales, anteriores a la cultura y fundadoras de ella,  Poco (casi nada), se ha descrito y analizado con el rigor con que se estudian algunos hechos históricos (revoluciones o gestas independentistas), las gloriosas luchas que han librado las mujeres por obtener respeto y reconocimiento social.

Es hora de ir tras la búsqueda de la feminidad perdida… Desde su papel libidinoso y corrompido en los textos sagrados de las grandes religiones, pasando por el desempeño de bruja o cortesana en las piadosas hogueras inquisitoriales o en los fatuos palacios medioevales, hasta llegar a ocupar la posición de ciudadana de segunda clase, de obrera o campesina triplemente explotada o de mujer objeto–cosmético en el mundo de la modernidad… Ir tras de aquella mujer que, sin darse cuenta de su degradación y su deshonra, se vende como mercancía en el burdel o en el cartel publicitario; ir más allá de la mujer light (hiper-mega-sexi o super-show-woman), cuyas luchas genitales descuellan a través de las páginas triviales de los diarios y las morbosas pasarelas de los centros comerciales… Es hora de reivindicar el ser de la mujer más allá de sus pírricas victorias…

Trascender esos estólidos movimientos feministas que pretenden reducir los imaginarios de mujer y género a discusiones efímeras sobre enfoques protagónicos que devienen embadurnados de “faló–fóbicos” cultos a la diferencia y la igualdad… Es el momento de reclamar con urgencia un trato justo y digno; conquistar escenarios que aboguen por la construcción sociocultural de futuros compartidos donde libertad, pluralidad y democracia no sean sesgos a merced de arquetipos utilitaristas y demagógicos; no seguir estigmatizando el mundo de lo circular y lo uterino; reformular políticas de género y estrategias socio–pedagógicas y axiológicas que permitan pronunciar y legitimar un discurso que legitime y reivindique el liderazgo y el poder femeninos como una gran oportunidad para vanguardizar genuinos y urgentes procesos de cambio. ¡Llegó la hora!

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