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domingo, marzo 3, 2024

Meditaciones cuánticas año 2024

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La física cuántica afirma que no somos más que unos vibrantes hilos de energía impactados por el poder de nuestra conciencia definida como el conocimiento que se tiene de sí mismo y de su entorno conjugado con la voluntad, esa fuerza personal e intransferible que permite hacer realidad un propósito. Nuestro potencial ilimitado se abre a un universo en constante movimiento y a un microcosmos donde no podemos ver la grandiosa pequeñez de un átomo, pero hemos sido testigos del influjo de su efecto nuclear. La teoría de la incertidumbre, a su vez, revela que vivimos en un mundo lleno de probabilidades y posibilidades infinitas elaboradas con las sutiles fibras de nuestros sueños. La única constante espacio–temporal que existe según la ciencia es el cambio y es esa capacidad adaptativa a él, lo que reafirma nuestra condición de seres inteligentes. 

El trabajo tesonero de un puñado de hombres y mujeres, herederos de Max Planck, Niels Bhor, Ernest Rutherford, Werner Heisenberg y Albert Einstein, han construido desde la periferia de la gnosis clásica, en un siglo de trasegar científico, un nuevo paradigma llamado “entrelazamiento cuántico” donde se considera el tiempo y el espacio simples construcciones mentales. Estos geólogos del mundo microscópico han emprendido una expedición al mundo de los neutrinos y electrones buscándole “el alma”, esa que les da el impulso recóndito del movimiento. Son juglares que relatan en sus descubrimientos, cómo las partículas no son puntos fijos, sino “hondas de probabilidades”, cuerdas de un arpegio cósmico que interpretan, al pulsarlas, la gran sinfonía del universo. Estos personajes apuntalan sus proas visionarias hacia la idea de un mundo holográfico y tridimensional…

Allí existe una “realidad objetiva”, esa que existe independientemente de que queramos o no. Su solidez es sólo apariencia, una simple percepción que nunca cruzará el umbral de la imposible certeza, espejismos mentales forjados por informaciones sensoriales, interpretaciones multi–lineales donde se desconoce el tejido complejo del mundo (micro) cósmico bordado a base de múltiples tramas y urdimbres holográficas. Fueron necesarios 2.500 años para reivindicar a Sócrates y su sabia enseñanza intemporal: la única certeza absoluta y posible es la incertidumbre misma. La filosofía cuántica nos enseña a vivir en un mundo signado por una axiología mutable, impredecible y ambivalente y a resistir los duros embates de una realidad cambiante donde nada es seguro y todo es posible. Recordamos las palabras de Koffi Annan, ex–secretario ONU, premio Nobel de Paz 2006:

“Somos inter–retro–dependientes”, es decir, todo tiene que ver con todo. Los “saltos cuánticos” que daremos a lo largo de los nuevos tiempos, los entenderemos como “transferencias continuas de energía”. Somos eslabones en esa inmensa cadena de energética y vital que es el mundo, un entramado caótico donde reina la incertidumbre la cual exige estar siempre preparados para comprenderla y trascenderla. En el nuevo año seguiremos uno de sus principios: allí donde colocamos la atención, ponemos la energía y ésta trabajará para nosotros. Aquello que pensemos con ardentía, nuestra mente contribuirá a hacerlo realidad. Todo será posible en la medida que creamos que lo sea. Lo fascinante es saber que nos vamos a despertar cada mañana y, a lo largo de este año, con la idea de que algo importante, maravilloso y trascendental estará a punto de suceder.

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