Walter Benavides Antía
Tras el terremoto del 25 de enero de 1999, el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec) implementó un modelo descentralizado de respuesta rápida. Pese a sus avances institucionales, la experiencia evidenció vacíos estratégicos estructurales.
Frente a los planes de renovación y gestión del riesgo en Pereira y el Eje Cafetero, estos son cinco errores que no deberían repetirse:
1. Reasentamientos periféricos y segregación socioespacial
La construcción masiva de vivienda de interés social en los bordes de la ciudad priorizó el bajo costo del suelo sobre la integración urbana. Cientos de familias damnificadas fueron desplazadas a zonas desconectadas del transporte masivo, equipamientos de salud, colegios y espacio público de calidad, fracturando las redes comunitarias preexistentes y consolidando sectores con altos índices de exclusión social.
2. Fragmentación del ordenamiento y falta de visión metropolitana El esquema de delegar la reconstrucción a ONG y gremios mediante gerencias zonales independientes agilizó trámites, pero atomizó la planeación del territorio. Pereira, Dosquebradas y municipios vecinos no consolidaron un plan metropolitano articulado; cada zona operó con criterios aislados, generando inconsistencias en la malla vial, dificultades en la prestación de servicios públicos y divergencias normativas que aún afectan la movilidad regional.
3. Predominio de la obra física sobre la reactivación productiva
El Forec concentró gran parte del presupuesto y el esfuerzo logístico en reponer infraestructura física (ladrillo y asfalto), relegando la reconstrucción del tejido socioeconómico. No se estructuró un plan robusto de reconversión productiva, generación de empleo formal ni fortalecimiento sostenible de microempresas a largo plazo, lo que mantuvo a miles de hogares en la precariedad tras recuperar su techo.
4. Exclusión de arrendatarios, informales y poseedores sin título Los subsidios y mecanismos de compensación se diseñaron bajo esquemas rígidos atados a la propiedad formal. Esta condición dejó desamparados a arrendatarios, trabajadores informales y ocupantes históricos sin escrituras, profundizando la vulnerabilidad de las poblaciones de menores ingresos y acelerando la posterior ocupación de asentamientos informales en laderas y rondas hídricas de alto riesgo geológico. 5. Disparidad en calidades técnicas y supervisión de contratistas.
La descentralización extrema flexibilizó controles de interventoría para acelerar los tiempos de entrega, lo que provocó irregularidades en la calidad de los acabados y deficiencias en ciertos desarrollos habitacionales. Asimismo, la insuficiente integración de estudios de microzonificación sísmica en obras complementarias y la débil participación de veedurías ciudadanas vinculantes debilitaron la durabilidad de las intervenciones. La resiliencia urbana contemporánea en el Eje Cafetero exige superar la mera reposición de infraestructura para consolidar ciudades compactas, con estricto rigor sismorresistente, equidad socioeconómica y una gobernanza territorial metropolitana y participativa.
