MACONDO

Por Andrés García

Me di a la maravillosa tarea de volverme a leer la obra cumbre de nuestro Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad, publicada en 1967. La primera vez que la leí, como lo narré en una columna anterior, tenía escasos dieciséis años de edad. Me encontraba en la secundaria, absolutamente desprovisto de herramientas que me permitiesen aproximarme al texto con mayores elementos conceptuales, al momento de interpretar el mensaje del autor. Fue toda una tortura. No logré entender su mensaje y la confusión, hija de la imposición del modelo educativo de entonces, causó estragos.

En esta ocasión, como un lector asiduo y ya con una técnica cultivada por años, fruto del amor a la palabra, con destornillador en mano, me permití realizar un procedimiento quirúrgico de alta complejidad, en el que durante horas (la Semana Mayor, más exactamente), abrí el cuerpo literario de la obra – mediante un corte preciso y metódico – identificando los tejidos culturales y el universo de símbolos de Macondo para, de esa manera, acceder a los órganos internos de una narrativa viva que trasciende las barreras del tiempo.

El libro, como lo expresa la filóloga española Irene Vallejo, escritora, columnista, autora de El Infinito en un Junco, “es un artefacto, un instrumento histórico”, un sobreviviente milenario, traductor de emociones, narrador de momentos, contextos, situaciones, personalidades, entre otros. Ese es el gran aporte de García Márquez. En ese sentido, en Cien años de Soledad, el autor teje el tapiz de una historia viva que, si bien se circunscribe en un momento social muy específico descrito en la mágica narración, en un pueblo cerca al mar, trasciende la esfera geográfica e histórica para aterrizar en la realidad actual, independientemente del lugar, tiempo y modo.

En las diecisiete generaciones de los Buendía, el universo garcíamarquiano incluye un gran número de tipologías humanas que describen, a la perfección, las variadas personalidades que confluyen en la obra, desde La Hojarasca (1955), El Coronel no tiene quien le escriba (1961), La mala hora (1962), Los Funerales de la Mamá Grande (1962), Relato de un Náufrago (1970), La Increíble y triste historia de la Cándida Eréndida y su abuela desalmada (1972), El otoño del Patriarca (1975), Crónica de una Muerte Anunciada (1981), El amor en los tiempos del Cólera (1985), El general en su laberinto (1989), Doce cuentos peregrinos (1992), Del amor y otros demonios (1994), Noticia de un secuestro (1996), su autobiografía Vivir para contarla (2022), hasta su obra póstuma En agosto nos vemos (2025).

Retomando la obra de Cien años de Soledad, sus personajes principales, como José Arcadio Buendía, Úrsula Iguarán, Remedios La Bella, Melquiades, Fernanda del Carpio, Petra Cotes, los gemelos Buendía, Amaranta y Rebeca, entre otros, calcan un sentir humano y social, hoy vigente, cuyo devenir actual se traduce en la trama de relaciones que diariamente observo en la cotidianidad. La historia, tantas veces hoy contada desde el lado del antagonista, desdibuja el significado de la misma. Macondo no está en los libros. Vivimos en él. Secretario de Cultura de Risaralda.

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