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martes, julio 16, 2024

Los voluntarios que esparcen gasolina

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DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Julián Cárdenas Correa

Columnista

En marzo, en la BBC, en una entrevista en la que se hablaba del aniversario del genocidio de Ruanda, leí estas líneas que me dejaron pensando en que aplican para Colombia casi que en todo momento y más aún en estos días de tanto caos:

“Retomando la metáfora del testigo en el caso de Ruanda”, dice (Susan) Benesch, “la cuestión es que si alguien incita a la violencia derramando gotas de gasolina poco a poco por meses o años, ¿cómo es posible identificar la gota que prenderá fuego a todo?”.

Creo que no es ser pesimista, es ser realista, reconocer que como en Ruanda, muchos está derramando gotas de gasolina en Colombia, poco a poco, y lo vienen haciendo por años y que definitivamente nos quedará muy complejo reconocer cuál será la gota que prenderá fuego a todo el país.

Por ahora el Presidente Duque hizo lo que tenía que hacer, retirar la reforma tributaria. Pero debemos reconocer que esa equivocación de presentar la reforma en plena pandemia, más allá de todos los sustentos y necesidades, derramó varios litros de gasolina al ya inflamable suelo colombiano.

Gustavo Petro y sus seguidores más fieles, hacen lo propio, no sólo van derramando gotas de gasolina sino que además caminan haciendo malabares con antorchas encendidas. Sus instrucciones para el paro están llenas de resentimiento, de envidia, de odio… de fuego: “No abrir su negocio. No sacar su carro. No ir al trabajo. No comprar gaseosas. No ir a comprar nada en grandes superficies comerciales. No hacer transacciones financieras. Retirarse de fondos privados de pensiones”. Esas expresiones le entregan además a muchos incapaces, cajas de fósforos…

También los Uribe y otros personajes del partido de gobierno contribuyen a empapar el suelo colombiano con esas gotas de gasolina y también de vez en cuando lucen antorchas sobre suelo mojado con líquidos inflamables.

Como siempre, la mayoría de quienes están a punto de encender el país, buscan y encuentran responsables de todo en los demás, ninguno está asumiendo responsabilidades en su propia mediocridad. Sólo los empresarios parecen ser los que asumen y aportan positivamente a solucionar. Siempre hay quiénes prefieran asignar a otros las responsabilidades de lo que les sucede y muy pocos asumen su propia responsabilidad sobre su destino. Quienes hacen esto último, reitero, como los empresarios, normalmente triunfan, quienes no, se quedan en las mismas dinámicas que se repiten a través de los tiempos.

La ciencia del caos viene constituyéndose en tal desde los años setenta. Un libro espectacular, Caos, de James Gleick; da cuenta de la creación de esa ciencia. Si bien es matemática, una de las ideas que más llama la atención en el Caos, es que a pesar de sus sistemas caóticos, tiene ciertos puntos de convergencia, vórtices; es decir, hasta en el caos hay un cierto orden.

O encontramos en este caos qué podemos considerar como patrones y debemos corregir ya, o muy seguramente en algún momento una de tantas gotas de gasolina dará inicio al fuego y no sabremos cuál de tantas fue.

Jugar con candela en este momento de historia inflamable es más que nunca nuestra mayor amenaza como nación.

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