¡Los tres cracks de la jornada!

Por: Alvaro Ramirez González
La primera invitación del Tigre, a almorzar a su búnker de Barranquilla, después de algunos meses de amistad telefónica y por WhatsApp, se malogró por una gripe que imposibilitó mi viaje.
Dos meses después y estando yo en vecino departamento del Magdalena en mis actividades ganaderas, una llamada del Tigre, me comprometió y acudí al día siguiente a Barranquilla.
Nos separaban apenas 2 horas de carretera.
El ingreso a su edificio fue además de amable, muy riguroso en los protocolos de seguridad.
“Comandante”, como me dice cariñosamente el Tigre, “¡no me puedo dejar matar!”
Hacía pocos meses habían asesinado al Senador y precandidato Miguel Uribe Turbay.
Y no había duda de que los mismos que lo hicieron, lo intentarían con el Tigre, un hombre mucho más radical que mi buen amigo Miguel.
La espera después de ingresar fue tan corta que no me alcancé a sentar en la sala de espera privada del Tigre.
Segundos después salió de su oficina a los gritos a recibirme con un afectuoso y sonoro saludo costeño.
Detrás de Él, dos hombres salieron a recibirme con mucho afecto.
Joaquín Gutiérrez y Carlos Suárez.
El primero de Ellos, un joven y muy exitoso Empresario de la Construcción.
Además, su más cercano amigo.
El segundo, era el estratega de mercadeo, y CEO de la Empresa Estrategia y Poder en la ciudad de Miami.
Los cuatro tuvimos una charla de temas políticos de casi una hora, en la oficina privada del Tigre.
Pero era tarde ya, y nos desplazamos a un sótano del Edificio, donde el Tigre construyó una hermosa cava de ladrillo, simulando las cavas de los castillos medievales europeos.
Allí nos comimos un exquisito salmón con verduras, y una salsa de naranja.
Pues resulta que Abelardo de la Espriella, Joaquín Gutiérrez, y Carlos Suárez fueron los tres cracks que salvaron a este país de las garras del Petrismo.
Joaquín desde la dirección general de una campaña que se creció rápidamente en ejecutivos, tareas y regiones.
Bajo su acertada dirección, esa empresa política de convirtió en pocos meses en un gigante y ganadora empresa electoral.
Y Carlos Suárez, el creador y administrador de la campaña del tigre.
Fue el gran estratega que, con el Tigre, acordaron hacer una poderosa y penetrante campaña, dirigida directamente al pueblo y no a la clase política.
Era impensable llegar a la presidencia de Colombia sin políticos al lado.
Rodolfo Hernández, lo había intentado sin éxito.
Una campaña hermosa, intensa, alegre, variada y demoledora hizo el milagro.
Y un candidato políticamente incorrecto como el Tigre, fue el protagonista perfecto para ese papel.
Después de mandarle un audio felicitándolo, recibí de Carlos Suárez, un mensaje lleno de afecto, inteligencia y compromiso.
Ambos van a acompañar al Tigre en su mandato, en posiciones tan cercanas como estuvimos sentados a manteles en ese búnker de Barranquilla.
Muchos trabajamos en esa campaña desinteresada y fervorosamente.
Pero Joaquín, Carlos y el Tigre, son los tres cracks que hicieron de un sueño de tres amigos, una nueva realidad gerencial y política para Colombia.
“No vengo a hacer política con los de siempre.”
“Vengo a cambiar la política para siempre!”, fue el mensaje del Tigre.
Estoy seguro que lo construyeron entre los tres.
Desde esta columna les envío un gran abrazo a esos tres cracks.
Los acompañaré desde mis columnas en esa colosal tarea de recuperar un país hecho pedazos.
Hoy reina el optimismo y la alegría en todo el sector empresarial y la esperanza en todos los gobernadores y alcaldes de Colombia a quienes Petro no solo ignoró, sino que maltrató.
Un abrazo muy fuerte para esos tres cracks.
¡Que iba a imaginar yo que estuve a manteles con los tres héroes de la jornada, departiendo alegremente como si fuéramos viejos amigos!
Le arrebataron la presidencia a una poderosa mafia de poder, dinero a borbotones y fusil, en 10 departamentos, en cuyos planes jamás estuvo perder.
Salvaron a Colombia de las perversas garras del Petrismo.
Ahora vamos a reconstruirla entre todos.
¡Salud cracks!
Sobremesa
La llegada de José Manuel Restrepo a ese equipo, lo disparó.
¡Un cuarto crack!
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