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viernes, junio 21, 2024

Los planes de desarrollo y las sectas

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(Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez) 

A los mandatarios de nuestro departamento les han aprobado sus Planes de Desarrollo de  gobierno, que equivale a decir la hoja de ruta para cumplir lo prometido en sus programas  presentados a sus conciudadanos desde las elecciones. Para esto se hicieron mesas de  concertación con todos los entes interesados – educación, salud, transporte, comercio,  turismo, cultura – lo que asombra y llama la atención poderosamente es cómo unos nuevos  integrantes se vienen sumando desde hace muchos años, éstos son los movimientos religiosos  y de sectas que, por la Constitución del 91 han adquirido derechos y no – diría yo- deberes  muy claros frente a la población que guían en sus asambleas. Ellos se han unido en un  movimiento que han llamado SINALIBREC, algo así como “Sistema Nacional de libertad  Religiosa, de Cultos y Conciencia”, que agrupa a todas estas denominaciones en la defensa de  sus derechos. 

Todo hasta ahí bien, lo reprochable es que siendo entidades religiosas participen de manera  tan directa y clara en las administraciones municipales y en la toma de decisiones  trascendentales para todos los ciudadanos. Ellos – los movimientos religiosos y sectas – guiados por sus líderes, casi siempre pastores y pastoras, hacen concesiones electorales y  ayudan y apoyan candidatos, potencialmente los más seguros de obtener la victoria, y les  colocan todo el potencial humano de sus iglesias para ganar y después tener el derecho de  exigirles a estos el cumplimiento de los compromisos adquiridos. Religión y política mezcla  fatal. Esos compromisos se ven reflejados en puestos de gran trascendencia para el desarrollo  del Plan de Gobierno del mandatario: secretarías de desarrollo, de gobierno, económico, de  infraestructura, etc.; lo cual se convierte en una violación del derecho que ellos mismos  pregonan: la libertad.  

Muchos de nuestros 14 municipios quedaron “amarrados” por estos grupos que presentaron  juiciosamente sendos programas sociales y culturales para que fueran favorecidos con los  pírricos presupuestos de los alcaldes. Conciertos de música Góspel, brigadas de psicología y  hasta atenciones caninas y gatunas que nada tienen que ver con la religión. Las sectas están  bien organizadas, saben tratar a sus fieles en sus intereses, pero una cosa es la religión y otra  muy distinta la política. Estoy seguro que los alcaldes están “encartados” con muchas de estas  peticiones, que bien podrían servir para otros intereses prioritarios como salud, escuelas,  carreteras del campo, etc. Los Concejos Municipales son cómplices de esto y deberían con  seriedad y claridad salirle al paso de estos acuerdos que en el fondo favorecen única y  solamente a una o dos iglesias. Somos una Constitución libre, pero a la vez sensata.  Recordemos las palabras de Jesús “al César lo que es del César y a Dios lo es de Dios”. Sin  engaños. 

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