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jueves, febrero 29, 2024

LOS MALOS GOBERNANTES

Es tendencia

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Cada gobernante llega al poder con un caudal de votos que representa a quienes creen en su programa de gobierno. En el lado opuesto se encuentran los derrotados encargados de erosionar el pedestal del vencedor desde la iniciación de la campaña hasta el último día de su vida y más allá, sin aceptar que han actuado como parte importante del mismo entramado que hizo posible el ascenso al cargo de un contradictor. 

Hay una oposición culta que estudia, conoce, analiza y presupuesta las consecuencias del modelo de administración; otra bien informada pero persistente en demoler al oponente colocándose como la mejor opción “desperdiciada”; una oposición oculta vergonzante que teme hacerse pública y la “oposición del desinformado” que construye su cuento desde la visión sesgada del noticiero, el político, el cura, el amigo, el vecino, el tendero o el “porque se le ocurrió”.

Los puntos débiles del gobernante son expuestos con mesura enfermiza en el origen, la familia, los amigos, la formación académica y la autenticidad de los títulos, la formación política, la cultura; y los aditivos de responsabilidad, puntualidad, presentación personal, costumbres familiares y sociales; origen de ingresos, fortuna, auxilios y donaciones. Tienen gran relevancia los aspectos relacionados con el proceso para llegar al poder desde la adolescencia, las militancias y la participación directa en eventos políticos y en el ejercicio de cargos oficiales o privados; sus propuestas, reformas y contra-reformas, decisiones, disciplina y errores.  

Todos los puntos débiles visibles y ocultos hacen parte del material de trabajo para demandantes, fiscales, jueces, humoristas y críticos inconformes en el proceso incansable de acabar con una imagen y derrotar en una instancia diferente a quien fuera vencedor en la otra orilla de la opinión una vez en el tiempo. 

Todos los gobernantes del mundo han sentido a sus espaldas el golpeteo incesante de la oposición; los poco afortunados (que son muchos) han pasado a la historia desde el relato sesgado de su inoperancia, sus desaciertos, sus falsos positivos, además de las actuaciones y delitos condenados por la justicia. 

La Francia de Luis XIII, recuerda al cardenal Richelieu, “la eminencia roja”, y su consejero el Padre José, “la eminencia gris”. Richelieu se enfrentó a la nobleza y las dinastías que amenazaban el poder incluyendo a la iglesia. Al morir, sus opositores coreaban algo que no llegó a ser su epitafio: “Richelieu: hizo el mal e hizo el bien, el bien que hizo lo hizo mal y el mal que hizo lo hizo bien”.

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