Los guardianes del tiempo. Testimonio de respeto y gratitud

Gonzalo Hugo Vallejo Arcila

Al borde de sus 90 años, el pintor renacentista italiano Tiziano Vecellio seguía recibiendo encargos de reyes y papas. Un joven y prometedor artista veneciano acudió a su taller y, al ver que a Tiziano le temblaba levemente la mano al sostener el pincel, comentó con cierta ironía compasiva que, quizás había llegado la hora de que el maestro descansase y permitiera la llegada de trazos más juveniles y firmes. Tiziano sonrió, tomó la tela sobre la que estaba trabajando y aplicó varias capas de color usando directamente la yema de sus dedos y la palma de la mano creando así, texturas revolucionarias sobre el delicado lienzo. Historiadores del arte consideran que ese estilo tardío e «imperfecto» de Tiziano anticipó el impresionismo que aparecería tres siglos después. El trazo firme y seguro del joven pasó al olvido, las temblorosas huellas digitales del viejo quedaron en los museos…

A Miguel Ángel y Goya, coetáneos suyos, los hallaron trepados en sus andamios después de los 60 años cuando la esperanza de vida en su tiempo no superaba los 40. La ONU invitó a celebrar el 1º de octubre como el Día Internacional de las Personas Mayores. En 2002, la 2ª Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento aprobó “La Declaración de Madrid”. Allí se exhortó a todos los Estados a defender los derechos del adulto mayor, propugnar por la dignificación de su vida y coadyuvar todos para hacer de ella un programa y no una tragedia. En 2016 se proclamó la lucha contra “el edadismo”, ese odioso índex de estereotipos discriminatorios hacia las personas en razón de su edad. Hoy día, se rinde tributo de respeto y gratitud a estos guardianes del tiempo que a sus 60 años ya remontan la cifra de los 2.000 millones. Fue icónica la figura senil del filósofo inglés Bertrand Russell.

Los reportajes a finales de los años 60 muestran al nonagenario participando activamente con su esposa en las marchas pacifistas contra la guerra del Vietnam. A los 92 años, el dramaturgo británico George Bernard Shaw escribió sus “Fábulas improbables”; Eamon de Valera sería presidente de Irlanda a los 91 años. Konrad Adenauer (“El Padre de Europa”), fue canciller de Alemania a los 87 años; Coco Chanel, a sus 88 años, dirigía su agencia diseñadora de ropa femenina. A sus 82 años, Goethe publicó “Fausto” (1832), obra cumbre de la literatura alemana. En 2026 mueren: el escritor español Luis Goytisolo (91 años), el novelista peruano Alfredo Bryce Echenique (87 años) y los filósofos y sociólogos Júrgen Habermas (Alemania, 97 años) y el francés Edgar Morin, padre del Pensamiento Complejo… A sus 104 años publicó y prologó sus “Lecciones de la historia”. 

Esto demuestra que el lenguaje es el proceso cognitivo que mejor resiste el paso del tiempo. “La vejez lo enseña todo”, afirmaba el trágico griego Sófocles a sus 90 años.  Miguel de Cervantes escribió la 2ª parte del Quijote a los 68 años y, a los 69, “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”, antes de morir en1616. Miguel de Unamuno escribía a los 67 años “El corazón de las tinieblas” (1902); Camilo José Cela publica “Mazurca para dos muertos” a los 67 años (1983), a los 73 años es Premio Nobel de Literatura y a los 78, Premio Planeta con “La cruz de san Andrés”. El novelista lusitano José Saramago escribió a sus 70 años “Ensayo sobre la ceguera” (1995); el poeta Vicente Aleixandre era Premio Nobel de Literatura a los 79 años y Mario Benedetti (89 años), escribió su último poema  un año antes de morir en 2009. Muchos se preguntan ¿cuál es el secreto de la longevidad?

Los geriatras hablan de una actividad mental creativa, obsesiva, permanente y renovadora. Un viejo sabio resumía con “la alegoría del paso”, el secreto de una larga vida: mientras un pie permanece firme y seguro en el suelo, el otro, en el aire, explora con libertad el incierto mundo que se abre ante él. Esa relación existente entre el mundo de la seguridad y el de la incertidumbre y la libertad, es lo que nos permite caminar… En ese paso está el secreto cósmico de nuestra vitalidad y es el que nos permite seguir nuestro propio camino y. en ese trayecto, crecer a través de él.

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