Los grandes retos del nuevo presidente electo

Por:  Fabio Castaño Molina

Colombia se prepara para abrir un nuevo capítulo de su historia política con la posesión del presidente electo, Abelardo de la Espriella, el próximo 7 de agosto. Más allá del entusiasmo propio del relevo presidencial, el verdadero desafío comienza cuando las promesas de campaña deben transformarse en resultados concretos para un país que llega profundamente dividido, con enormes dificultades fiscales, serios problemas de seguridad y un sistema de salud que atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. Uno de los aspectos que ha llamado la atención durante el periodo de transición ha sido la decisión del presidente electo de recorrer el territorio nacional para escuchar directamente a alcaldes y gobernadores. Confiamos que muy pronto se dé este proceso en el Eje Cafetero.  Considero, que esa agenda de concertación, más que un gesto protocolario, representa un mensaje político importante: reconocer que los grandes problemas del país no se resuelven únicamente desde los escritorios de Bogotá, sino entendiendo las realidades de las regiones, donde finalmente se sienten los efectos de las decisiones del Gobierno Nacional. En un Estado históricamente centralista, abrir espacios de diálogo con los mandatarios locales constituye una apuesta que puede fortalecer la confianza institucional y facilitar la ejecución de proyectos prioritarios en infraestructura, seguridad, salud, educación y desarrollo económico. Colombia necesita recuperar la articulación entre la Nación y los territorios, una relación que durante los últimos años sufrió profundas tensiones políticas.  Pero ninguna innovación administrativa tendrá impacto si el nuevo Gobierno no logra responder a los tres grandes desafíos que hoy preocupan a los colombianos. El primero es la seguridad. El fortalecimiento de organizaciones criminales, la expansión de economías ilegales, el aumento de la extorsión y el deterioro del orden público en varias regiones obligan a replantear la estrategia nacional.  El segundo gran reto corresponde al sistema de salud. Miles de pacientes enfrentan demoras en medicamentos, dificultades para acceder a especialistas y una creciente incertidumbre sobre la sostenibilidad financiera del modelo. La tercera prioridad será la hacienda pública. El manejo responsable de las finanzas estatales resulta indispensable para recuperar la confianza de inversionistas, empresarios y mercados. Reducir el déficit, mejorar la eficiencia del gasto, fortalecer el recaudo dentro de un marco de estabilidad económica y recuperar la disciplina fiscal serán condiciones esenciales para impulsar el crecimiento y generar empleo. En ese contexto, la conformación del gabinete ministerial adquiere especial relevancia. La designación de funcionarios con experiencia, conocimiento técnico y capacidad de gestión puede convertirse en uno de los principales activos del nuevo Gobierno.  Ahora comienza la etapa más difícil: convertir el discurso en realidades, las promesas en políticas públicas y las esperanzas de millones de colombianos en mejoras concretas para su calidad de vida. “La Patria Milagro” que promueve el nuevo mandatario, depende mucho más que de un milagro. Depende de una voluntad férrea de querer hacer bien las cosas  y la armonía como el nuevo jefe de estado, sepa gobernador en medio de las diferencias que hoy nos tienen tan polarizados.

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