Los contrastes del mundial de fútbol

Duberney Galvis

Cada vez es más claro que en el máximo evento deportivo del planeta, la alegría del fútbol y el intercambio cultural contrastan con la manguala de la FIFA y Estados Unidos que perjudica a países de Suramérica, África y Medio Oriente. 

Para empezar, aquí se habla español. La absurda medida de la FIFA de prohibirlo en las ruedas de prensa del mundial, no solo choca con la existencia de México como uno de los países anfitriones, sino con la principal característica de esta competición futbolística: la universalidad. El hecho además contraría las recomendaciones de la UNESCO en materia de diversidad lingüística. La pluralidad es propia de los equipos, al punto tal que cientos de jugadores hablan varios idiomas. Aunque ese tufillo de segregación que intentó imponerse bajo la influencia de Estados Unidos, ya se echó para atrás debido al rechazo mundial, no deja de recordar algunos episodios de la historia del siglo XIX y XX en el que el español fue prohibido en escuelas del suroeste de los Estados Unidos para castigar a los niños mexoamericanos. 

Igual repudio han causado los abusos contra las delegaciones de África, sometidas a extenuantes jornadas de requisas bajo el espectáculo montado por la seguridad norteamericana que intenta demostrar con unas delegaciones deportivas el poderío golpeado en las arenas globales militares. Además, por cuestiones de visados, enfrentan obstáculos para poder realizar la documentación y el ingreso completo del equipo técnico. Y ni hablar de las puertas cerradas a miles de sus hinchas. Sin duda, las selecciones del continente africano están jugando en clara desventaja.  

Peor el caso de Irán porque la FIFA no fue capaz de asegurarle una presencia equitativa en suelo estadounidense. Terminados sus partidos, deben salir a prisa del país del norte como si se tratara de un equipo de presos que vino a entretener al público del coliseo. Una gringada propia de las malas películas hollywoodenses en las que presos y guardias disputan un partido de fútbol. 

No escapan a estas pesquisas los suramericanos. Escena pasmosa consistió en ver a los jugadores de Uruguay ante un control de seguridad que incluía perros antinarcóticos y guardias equipados con múltiples artilugios. Mientras, los jugadores debían aguardar en fila para asegurar la reseña fotográfica de la escena, con los perros husmeando frente a los jugadores charrúas.  

Por fortuna, nos queda la alegría del fútbol que no han podido abolir ni adecuar del todo a su mercado, aunque dan más zarpazos con las tediosas pausas de “hidratación” publicitarias impuestas por la FIFA. Entre tanto gozo, el de Cabo Verde, un pequeño país insular africano colmado de historia, que hizo un partido perfecto a la pontificada España. Y la selección Colombia, que “al recio empuje de los titanes de la montaña…”, como el de Cucho Hernández de Pereira, nos puso a celebrar el primer triunfo en el camino por conseguir la Copa. Y como estoy en modo mundial, vendrán más columnas sobre el tema.

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