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sábado, mayo 18, 2024

Los castigos para los esclavos

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Víctor Zuluaga Gómez

Columnista

Los castigos que se le impusieron a los esclavos que se fugaron fue de una severidad incalculable. Al tal punto que algunos de los amos se pronunciaron de una manera enfática, aduciendo que sus esclavos, luego de haber recibido los castigos, quedaron en una situación lamentable, no tanto desde el punto de vista humano, sino en el sentido de que su “mercancía” había quedado devaluada. Estos son los castigos:

“Vistos: hallando que debo condenar y condeno a Cristóbal, mulato esclavo perteneciente a los herederos del difunto don Gregorio Simón del Campo en cien azotes, porque habiendo sido sabedor  de la fuga que premeditaban  los mas esclavos reos  de esta causa, no dio aviso para que se procurase  precaver;  antes si los animó ofreciendo servirles de guía y asociarles toda la cuadrilla de esclavos de dicho su amo: A las negras Martina y Manuela, esclavas  de dicho don Mariano Matute. A las esclavas Martina y Manuela, esclavas de don Mariano Matute y a la mulata Paula de don Simón de Soto, doscientos azotes a la primera por haber intentado la fuga, ser la tercera que ha hecho y haber incitado con esta y sus insinuaciones a su marido Prudencio que hizo de capitán y a ciento a cada una de las otras dos…”

Los castigos más fuertes fuero para Prudencio, quien fue condenado a 200 azotes “ocho años de presidio a ración y sin sueldo”, de tal manera que fue enviado a Santafé y posteriormente remitido a Cartagena en donde purgaría su condena. Otros dos, a saber Andrés y Simón, fueron condenados doscientos azotes y seis años de presidio a ración y sin sueldo, como en el caso de Prudencio.

A las esclavas se les castigó con azotes y en el caso de los indígenas María Arcos y Pedro Yara, el Protector de Menores logró demostrar ante los jueces que ellos eran inocentes y no podían ser castigados ni con prisión ni azotes, a pesar de que Pedro Yara se fugó en dos ocasiones de cárcel. Es decir, la legislación para los indígenas era muy diferente e incluso cuando se les imputaba un delito, tenían un defensor de “Menores”, de acuerdo a las normas vigentes. Pero, insisto, cuando se trataba de castigar a los esclavos, las leyes eran de una severidad enorme. En una próxima entrega hablaré de un caso puntual, de ahorcamiento.

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