Los brujos también juegan

Neverg Londoño Arias

En la naturaleza de los acontecimientos aún por suceder, muchos misterios ocultos se niegan a aparecer para ser controlados desde el conocimiento y la regularidad de la ciencia. Es lícito buscar la ayuda y el control de fuerzas desconocidas para obtener “conexión con los ancestros y control de lo impredecible”. Para tratar de lograrlo se toman pociones mágicas y se portan estampas, medallas. amuletos y muñecos representando seres humanos que obedecen desde las punciones de alfileres en partes vulnerables. Se realizan extraños ritos con el sacrificio de gallinas y gatos negros, rezos y maldiciones: magia y religión juntas en espacios de fe. El rito centra y libera de miedos, da confianza para aceptar resultados; se ayuda con los mágicos cantos de las barras, himnos y movimientos sincrónicos y la gritería del éxtasis en cada jugada de gol. La magia es propia de todos los países del mundo; el hechicero busca neutralizar el trabajo de los rivales en la cancha de futbol. El contrario hace lo propio con el manejo de las energías desde otra forma ritual; oraciones y peregrinaciones dirigidas a sus dioses, reclamando favores a San Sebastián. Lo importante es saber de qué lado están las fuerzas celestiales. Al ser expulsado del club, Bela Guttmann maldice al Benfica de Portugal. Benjamín Urrea “Garabato” maldice al América de Cali al oponerse a su profesionalización; maldición levantada muchos años después. Hinchas del Independiente de Argentina entierran gatos en las porterías del estadio del Racing Club. Los efectos de estos actos fueron casi extraños. El ritual para lograr positivos flujos de energía, es amplio y dispendioso : “toque de calzoncillo, hombro izquierdo, hombro derecho, oreja izquierda, nariz, oreja derecha, oreja izquierda, nariz y oreja derecha”. Algunos jugadores cortan las mangas de las camisetas; entran a la cancha con el pie derecho, tocan el balón y pisan el punto penalti con el pie izquierdo; dan la patadita de la buena suerte a los postes del arco antes del encuentro; llevan sus amuletos en lugares no visibles; espolvorean sal en los guayos y la cancha; envían una selfie antes de iniciar el partido y besan la cabeza de un calvo. “Tocar la copa y mirarla es mala suerte”. Algunos técnicos consultan la carta astral de los jugadores. Muchos aficionados usan los calcetines al revés y no los lavan si el equipo gana; la misma camiseta de la suerte sin lavar y la ropa interior del mismo color. Se sientan en el mismo lugar del sofá y no atienden al teléfono.

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