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viernes, junio 21, 2024

LLERAS CAMARGO: NEUTRALIDAD POLITICA EN FUERZAS ARMADAS

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Por: Jaime Cortés Díaz

En pasada columna se hizo referencia a la situación que se vive actualmente dentro de la Fuerza Pública, (FP) señalando el grado de desmotivación que se observa en sus distintos estamentos que incide en el agravamiento del orden público, a la falta de apoyo logístico, en especial el aéreo, a la orden de aminorar el enfrentamiento y el cese al fuego, siendo la FP la única que cumple mientras los ilegales se fortalecen en su extensión y reclutamiento. Las aristas derivadas de la controversia amenazante, han coadyuvado en la polarización del país lo cual repercute también, lo mismo que la puja política. Para no dejarse llevar por ruidos que son ajenos a su naturaleza, el comandante de las Fuerzas Militares, general Helder Giraldo, ha manifestado en comunicado dirigido a mandos y tropas bajo su línea, y en uso de la responsabilidad estratégica, de no injerirse el personal en acciones partidistas, ya que el deber supremo es garantizar la protección a los ciudadanos, independientemente de la militancia de estos, a ser “ejemplo de disciplina, respeto a la ley y compromiso con los principios democráticos”, a mantener la estabilidad en medio de la crispación latente, a conservar la mentalidad  profesional,  la prudencia y lealtad con el propósito de no “participar en política”. La misión, pues, es la defensa de la Constitución, las instituciones y la democracia, bien claro lo ha dicho.

El oportuno mensaje hace recordar la doctrina del entonces recién elegido presidente de la Nación en 1958, Alberto Lleras Camargo, quien, en su discurso del Teatro Patria, demandó el accionar neutral de las Fuerzas Armadas como depositarias de la protección de la República. Por volverse de actualidad el ideario dicho, es de inmensa pedagogía tomar algunos apartes sobre el particular, con la recomendación de leerlo los civiles y gobernantes en este momento de confusión y de retorno a filas de retirados de insignia que en su pausa fungieron de activistas políticos. Dijo así Lleras Camargo a la comunidad castrense: “Si Colombia no aprende a vivir en paz (…) el problema no será sí debe haber otra forma de gobierno, monarquía, dictadura, totalitarismo, juntas, sino el de si no va a disolverse la nacionalidad misma, en la anarquía, en el cansancio, en la decepción, en la miseria”. 

“Si las Fuerzas Armadas entran a la política y a la dirección del gobierno, entran inevitablemente en la disputa sobre si el gobierno es bueno o malo. Inmediatamente se forma un partido, el suyo, y otro, el adversario del gobierno. Dividen a la nación, en vez de unificarla. Es que aún con las mejores intenciones, no se puede gobernar al gusto de todos. Eso es contrario a la naturaleza de las cosas. Y el desprestigio que cae sobre todo el gobierno no puede caer sobre una institución armada, sin destruirla. Si los jefes deliberan en la plaza pública, dan opiniones sobre materias ajenas a la milicia, sufren equivocaciones, se enredan en los inevitables líos de gobernar, los oficiales subalternos se sentirán obligados a discutir su conducta, que ya escapa a la disciplina del oficio, y hasta los soldados entrarán en controversia. Ejércitos, armadas, fuerzas aéreas, fuerzas policiales, sometidas a ese tratamiento, se anarquizan y se desbaratan. (…)”

 

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