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sábado, mayo 18, 2024

Lecciones empresariales inolvidables (II)

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Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

El general Norman Schwarzkopf se hizo famoso por el liderazgo ejercido entre las tropas que participaron en la guerra del Golfo Pérsico (1990). Ya lo había demostrado en su vida académica en la escuela militar de West Point. En Vietnam cambió la mala reputación de un batallón de infantería, un desastre en materia de disciplina. Por sus méritos se le encomendó una difícil misión en la península selvática de Batangan, resguardo de las tropas del Vietcong. Schwarzkopf la describió como “un horrible y maligno lugar” en disputa durante 30 años y cubierta de minas y trampas mortales. Este desafío lo asumió con denuedo arguyendo que el liderazgo debía ser ante todo una combinación de estrategia y carácter. “No es necesario ser un héroe para ordenar al soldado que vaya al combate… El verdadero héroe es el soldado que está dispuesto a dar la batalla”, asentía.

En1970, un hombre fue herido por una mina y Schwarzkopf lo asistió en persona. Cuando se preparaba el helicóptero para la evacuación, otro soldado pisó otra mina hiriéndose gravemente una pierna. El hombre se revolcaba gritando de dolor en medio de ese campo minado. Schwarzkopf creía que el herido podría sobrevivir si lo inmovilizaban y narró así su aventura: “Comencé a caminar por el campo minado lentamente; estudiaba cada palmo del terreno buscando las puntas de esos artefactos que sobresalieran de la tierra. Mis rodillas temblaban; cada vez que daba un paso tenía que agarrarme las piernas y estabilizarlas con ambas manos antes de dar el siguiente. Ese tiempo parecía como si hubiese sido una eternidad”. El general Schwarzkopf cargando 240 libras de peso llegó hasta el soldado herido, le prestó los primeros auxilios y lo sacó de allí salvándole la vida.

Norman Schwarzkopf, “Jefe del Mando Central”, estuvo al frente, por varios años, de una industria militar que movía más de 60 mil millones de dólares, suma que superaba el Producto Interno Bruto colombiano. Tras su retiro, escribió su autobiografía (“No hace falta un héroe”, 1992), un manual estratégico de liderazgo. Afirmaba con cierto patetismo, que en los negocios y las guerras se aplican las mismas tácticas; que las empresas dependen de la tecnología como en la guerra; que en las empresas y la guerra el objetivo es ganar; que las empresas tienen empleados y en la guerra hay soldados; que el competidor en los negocios es como el enemigo: hay que conocer sus debilidades antes de atacarlo. Sus polémicas enseñanzas en una nación con una experiencia bélica ininterrumpida de 200 años, no han servido para humanizar la guerra, ni forjar una cultura asuntiva del liderazgo.

Sus lecciones sobre el arte de la guerra aplicado al liderazgo, son utilizadas por influenciadores y coachers. Robert Green (“Las 48 leyes del poder”, 1998; “33 Estrategias de guerra”, 2003), fundamenta en Schwarzkopf algunas de sus tesis disruptivas y deconstructivas sobre el poder y el liderazgo. “Aceptemos que el verdadero coraje surge del miedo… Es el temor lo que realmente nos permite avanzar… “Las mejores lecciones de liderazgo que aprendí cuando era un joven oficial del ejército, me las impartieron los peores comandantes. Me refiero a individuos corruptos e inmorales que no tenían una sola cualidad que los redimiera. La gente los seguía sólo por la curiosidad de ver qué más atrocidades eran capaces de hacer… Nos enseña mucho más un liderazgo negativo que uno positivo… A través de aquél nos damos cuenta qué es lo que no deberíamos hacer”.

gonzalohugova@hotmail.com

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