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viernes, junio 21, 2024

Las preguntas de la vida

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Cuatro años después de haber lanzado su obra “Más Platón y menos Prozac” (1999), el filoterapeuta canadiense Lou Marinoff, publicó otro exitoso libro (“Pregúntale a Platón. Cómo la filosofía puede cambiar tu vida”), ambos con el mismo objetivo: demostrar cómo la filosofía es una disciplina que puede ayudar a enfrentar de manera asuntiva, decidida y efectiva las contingencias propias de nuestro diario vivir. Marinoff hace una selección de asuntos fundamentales a los que nos enfrentamos cada día y los condensa en interrogantes que él formulará a lo largo de su frondosa obra: ¿Existe el sufrimiento? ¿Qué es la felicidad? ¿Nos guía la razón o la pasión? ¿Somos seres racionales, emocionales y/o espirituales? ¿Cómo diferenciar entre el bien y el mal? ¿Qué vendrían siendo lo bueno y lo malo? ¿Cómo gestionar nuestras emociones? ¿cómo volvernos agentes de cambio?

Marinoff nos habla sobre la forma cómo la filosofía contribuye a forjar cambios en nuestra existencia y ello se logra a través de la sanación, el florecimiento, la autonomía, el alcance de logros, la capacidad de resolución, el despertar, la ecología interior y el cultivo del ser. Su libro comienza con una reflexión entresacada de las sabias enseñanzas de Epicuro: así como la medicina que no expulsa las enfermedades del cuerpo, también es vana la filosofía que no cura el sufrimiento de los seres humanos. Plantea que debe diferenciarse el trastorno del malestar en lo atinente a la recio–emocionalidad. El trastorno invita al diagnóstico orgánico, el malestar impele a una revisión de nuestro estilo de vida y a hacer uso de la “frónesis”, término utilizado por Aristóteles para referirse a la filosofía práctica. La obra concluye en su capítulo 12 invitando a que cada uno construya su hogar filosófico.

En ese mismo año (1999), aparecía la primera edición de “Las preguntas de la vida”, obra del filósofo español Fernando Savater. Con otras dos obras (Ética y Política para Amador), se pretendía acercar la filosofía a la población juvenil de aquella época. 25 años después, la pedagogía de la pregunta, más que la didáctica de la respuesta, sigue vigente. Se trata, como bien lo expuso en su “advertencia previa”, de alejar la filosofía de chismes historicistas que resumen el quehacer académico y curricular de esta asignatura. Exhorta a “desenfatizar” las vetustas tradiciones y liturgias filosóficas y asumir esta disciplina como una manera de reflexionar, afrontar y trascender los dilemas e interpelaciones propios de nuestras realidades consuetudinarias. Saber después de reflexionar y dialogar para actuar, en lugar de aceptar sin discutir, para no tener que soportar la tortura pensar, argüia.

No se trata sólo de conocer la manera cómo se las arreglaban los filósofos para (sobre) vivir ante las contingencias propias de su tiempo. Se trata de comprender y disfrutar mejor nuestra existencia que discurre entre dudas, desaciertos, rutinas, apatías y perplejidades. No se trata de seguir levantando actas testimoniales, recetarios alcanforizados, inventarios de opiniones rimbombantes, presunciones y ocurrencias eruditas recogidas en cómodas tertulias… Se trata, ante todo, de fijar algunas coordenadas que orienten el vacilante trasegar y la itinerante búsqueda. Así, entre devaneos, tanteos y escarceos, inmersos en la semioscuridad del aquí y el ahora, intentaremos darle sentido a nuestra agitada brega. A través del diálogo vivencial e interactivo, buscaremos ese necesario (re) encuentro con el otro que, desde la diferencia, nos vuelve cómplices de esta búsqueda… 

gonzalohvallejo@gmail.com

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