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miércoles, febrero 28, 2024

Las dos caras de la moneda

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Alexánder Ríos Arboleda

Columnista

En una situación de crisis se convirtió el registro de una  escritura pública en la Oficina de Registro e Instrumentos Públicos – ORIP, entidad adscrita a la Superintendencia de Notariado y Registro. En las principales ciudades del país, el retraso en el servicio es monumental, esto por varias razones. Desde las condiciones de las instalaciones en donde funcionan, pasando por la calidad de los suministros de equipos de cómputo e impresión, software, preparación del talento humano, hasta las prácticas corruptas de estar pidiendo dinero al usuario para agilizar trámites.

El debate sobre este tema se dio en el recinto del Congreso de la República, en donde fue citada la superintendente a que explicara qué está sucediendo en esa entidad. Es realmente inconcebible que la ORIP quien recibe tantos recursos por registrar la guarda de la fe pública, no esté a la vanguardia tecnológica. Un software que contrataron hace varios años y que han bautizado Bachué, no ha entrado en funcionamiento, este permitiría una comunicación en línea desde las Notarías. El usuario del servicio registral podría monitorear en tiempo real en qué etapa va la calificación de su escritura. Hoy al interior de la organización, al demorado software se le llama “Bachueco”.

Es tal la crisis por la incompetencia de la administración de la Superintendencia de Notariado y Registro, que los ingresos percibidos por las tarifas de registro, el 70% se va para el sostenimiento de la Rama Judicial y mientras tanto, los salarios de los funcionarios no se compadecen con el tipo de servicio que están prestando. No existe una dependencia que evalué permanentemente procesos y procedimientos para optimizar el servicio y así definir cargas de trabajo y adelantar capacitaciones permanentes. Esto no se puede adelantar eficazmente cuando su planta de personal el 80% está en provisionalidad.

Ante las demoras en el registro de los documentos, CAMACOL Antioquia y la gobernación de ese departamento, han salido en auxilio de las ORIP de Medellín y Rionegro entre otras. Firmando convenios interadministrativos para buscar desatrancar las oficinas y brindar sitios de trabajo dignos.

Entonces, se presentan las dos caras de la moneda, una gerencia pobre históricamente de la superintendencia que no camina al paso de las exigencias tecnológicas y de calidad del servicio. Y un cúmulo de funcionarios desmotivados ante las condiciones laborales, en donde la superintendente prefiere guardar debajo del tapete los innumerables problemas que existen en su interior. Es hora que se haga una reingeniería a las ORIP, para el bienestar de toda la cadena. Los procesos lentos  de registro de escrituración pone los pelos de punta a constructores, compradores de vivienda y a los bancos. En una actividad que involucra miles de millones de pesos.

P.D. Por fin se escucha una posición sensata del nuevo mesías Gustavo Petro, afirmó que abandonaría la aspiración presidencial si salía derrotado el próximo año. Son tantas sus equivocaciones que varios de sus aliados del año 2.018 no lo quieren ni ver. Fruto de  la promoción irresponsable de los bloqueos del paro nacional, que tantos malos efectos causó a la economía. Y últimamente con sus propuestas descabelladas, como parar la producción petrolera en el hipotético caso de ser elegido presidente, desconociendo el caos financiero que ocasionaría y de espalda a las tendencias mundiales a marchitar este negocio con un plan a mediano plazo.

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