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lunes, mayo 20, 2024

La vacuna

Es tendencia

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

La historia de la humanidad es una constante y permanente lucha del hombre frente a los peligros latentes del mundo exterior, de los fenómenos de la naturaleza, incluso de sus congéneres. El universo contempla invariables y múltiples surgimientos de amenazas provocadas en el medio ambiente, el clima, los alimentos, apareciendo de una u otra manera los recursos encaminados a remediar la clase de conflicto y los males afectando la tranquilidad del espacio y de la atmósfera. Es la razón, de estar y de emerger, la presencia inmanente de la ciencia, de los investigadores y científicos efectuando la contribución inherente a la condición y modo de aflorar las falencias en defensas y en salud. Y en ese plausible acontecer, los adelantos son una realidad y los focos de infección, bajo todas las  circunstancias y modalidades, han sido superadas y controladas. De ahí el tener lógicamente premios Nobel no solo en literatura y economía, sino en las diversas expresiones de las ramas infinitas del saber. Así, es posible y admisible afirmarse y creer en el aporte llevado a cabo en cada país, en los territorios del orbe, en  los lugares más apartados, en el afán de procurar el bienestar de las gentes. Aquí radica la explicación de haberse eliminado pestes y enfermedades de millares y   costosas  víctimas, pero también a base de descubrimientos y de medicinas de aplicación viable y efectiva. Ahora, es el tiempo y la época en la búsqueda de una vacuna orientada, como opera o hace con otras afecciones, en forma de estudio de las epidemias anteriores, a rebajar el estado emocional de las personas.

Un medicamento de contenido tal y de dimensión colosal, para el rebaño, de disminuir el grado de calentura propio de nosotros. Una poción, un tratamiento, un menjurje, cualquiera sea el origen o el valor, empero de inmediato y en pro de una sociedad contagiada del odio, el resentimiento y la venganza. Una pastillita o una inyección que puestas y suministradas en dosis adecuadas, tenga la capacidad y el alcance de restarle intensidad a los espíritus y desde luego, sin lesionar o alterar los demás sentidos y funciones, permita al ser humano obrar en el campo de la cordura, la sensatez y el buen ánimo.  No es el caso de abogar por una automatización en lo particular, de poner chips inteligentes, de crear robots o de propugnar hacia una cultura tecnificada y mecanizada. No. Es una tendencia a rescatar la serenidad y la nobleza, la sensibilidad y el carácter racional del individuo. Es la necesidad de hallar un camino diferente en todos aquellos eventos donde los temperamentos asaltan y bloquean la mente, causando en los sujetos unas manifestaciones de salvajismo, supuesta y evidentemente derrotadas, en una etapa de civilización y de perfección. Seguimos soñando, especulando, dando rienda suelta a una preocupación incesante en torno a la normalidad de las cosas, a confiar en la grandeza del colectivo y a la obligación, lo máximo, el derecho inalienable de  vivir en paz.

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