La urgencia de profesionales con calidad humana en tiempos de crisis

*Manuel Alejandro Mejia Orduz

A nivel global vivimos un momento histórico influido por el vértigo tecnológico, la automatización y la búsqueda afanosa de la eficiencia, en este escenario, lo prioritario ha correspondido con medir el valor del profesional, por su capacidad de producir, facturar o rentabilizar. Sin embargo, en nuestro aquí y ahora, una súbita sacudida que literalmente nos ha movido más que el piso, también, nos ha golpeado con una verdad ineludible, llegan momentos en que, frente a la vida y la naturaleza, a veces no importa quien seas, y otras no interesa cuanto tengas.

Sí, el suelo se fracturó y no solo han quedado cristales quebrados y muros derrumbados. Con los días, también, han quedado familias arrasadas, mentes colapsadas y cuerpos sepultados. Es innegable vivimos una crisis. 

Y es claro que, cuando nos preguntamos ¿Qué hacer frente a dicha crisis?, por lo general, una de entre tantas respuestas, conduce a la palabra “reconstrucción”… así escuchamos, reconstrucción de la infraestructura, reconstrucción de la economía e incluso reconstrucción del tejido social, entre tanto que ha quedado por reconstruirse,  pero esto de inmediato puede conllevar a una segunda pregunta, ¿Y, como reconstruyes todo eso?, es aquí, cuando la confianza en la educación y la formación profesional puede seguir siendo más que una apuesta, una acertada respuesta.

Cuando nos referimos a educación y formación de profesionales, no solo hablamos de quienes, al titularse en una profesión, son conocedores del Qué y el Cómo Hacer un determinado oficio, sino en quienes, además, su humanidad les permite Sentir y Ser, siendo esto lo que permite diferenciarlos de aquellos que se limitan a cumplir con una labor, tarea o trabajo. De nuevo, otro “Sí”, indudablemente para salir de esta (crisis), se necesitan para ya y para los siguientes años, médicos, ingenieros, psicólogos, administradores, arquitectos, comunicadores, diseñadores, licenciados, entre muchos otros más profesionales, precisando que sus aportes en la mencionada reconstrucción exigen una conexión empática con la sociedad, disposición para transformar la realidad, sensibilidad para ofrecer soluciones humanizadas, pero con una firme posición ética de cara a las influencias persuasivas de estos tiempos.

Las Instituciones de Educación Superior ayudamos a construir en cada estudiante un proyecto de vida y un prospecto profesional con un sello misional, donde la excelencia académica solo alcanza su verdadero sentido cuando trasciende las aulas e impacta positivamente la vida de la gente. Porque hay momentos de crisis como estos que exigen respuestas claras, precisas y contundentes. Sin calidad humana, no puedes ser un buen profesional, y en nuestro presente y en los años porvenir, nos urgen profesionales con calidad humana al servicio de la sociedad. 

*Docente Universidad Católica de Pereira.

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