La ruleta del pico y placa de Pereira

Duberney Galvis

En una verdadera ruleta se ha convertido el pico y placa de rotación aplicado en Pereira y el área metropolitana, que no contribuye a la situación económica de la ciudad después del sismo. Solo sirve para engrosar las arcas de los Institutos de Tránsito. Medida contraproducente, inhumana y atrasada de cara al derrumbe económico tras el terremoto.
Si bien la medida extraordinaria adoptada después del sismo, que modificó el esquema tradicional de dos dígitos diarios y amplió la restricción, buscaba proteger a la ciudadanía y facilitar las labores de demolición y similares, lo cierto es que mantenerla después de un mes de lo ocurrido el 10 de agosto, significa un desmedro para la movilidad de la ciudadanía y la economía de la ciudad y sus alrededores.
El problema no consiste solo en que los conductores con todas las afectaciones posibles tengan que mirar cada semana el día que pueden sacar el carro. Lo más grave es que mientras la ciudad intenta recuperarse de los daños, prevalece la incertidumbre en la movilidad para trabajadores, comerciantes, empresarios y ciudadanos que necesitan desplazarse para producir, vender e intentar recuperar ingresos.
De ahí los llamados de sectores del comercio y de servicios para terminar la medida. La emergencia no puede convertirse en una licencia para administrar la movilidad a punta de improvisación. ¿Qué sentido tiene este pico y placa en momentos en que la economía local necesita todas las posibilidades de recuperación? Si bien la alcaldía puede mantener los corredores necesarios para la extracción de escombros y un amplio radio para restringir el tránsito de vehículos pesados, urge regresar a la modalidad de dos dígitos por día.
Aquí también es oportuno un capítulo sobre las políticas del tránsito. Por un lado, ¿cómo garantizar la publicidad de la regla si esta cambia periódicamente? ¿qué mecanismo certifica que todos los usuarios conozcan oportunamente la nueva regla antes de que empiece a producir sanciones?, ¿y cuántos de los comparendos impuestos desde que comenzó la rotación extraordinaria corresponden a ciudadanos que simplemente desconocían el nuevo esquema y cuántos a conductores que deliberadamente decidieron incumplirlo?
De otro lado, ¿por qué los institutos encargados de la movilidad adoptan ese carácter represivo, perseguidor y sancionatorio antes que el educativo? ¿Qué lleva a una dirección de estos organismos a orientar una política de comparendos a habitantes de una región golpeada por la peor de las catástrofes? ¿Por qué los cuerpos colegiados, concejos y asamblea guardan silencio? El peor de los ejemplos ocurrió en Dosquebradas en días posteriores al sismo, un retén de tránsito al frente del CAM, justo la entidad a la que los damnificados acudían a registrar sus afectaciones, incluidas las víctimas de la familia.
Ese ejercicio que se asemeja más a una especie de carroñeros, contrasta con el espíritu de lo público y el carácter solidario de la región. Así las cosas, me uno al llamado para detener esa ruleta

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