Adriana Vallejo
Los resultados de Colombia en las pruebas del programa para la evaluación internacional (PISA) no sorprenden. Aunque el país ha ampliado la cobertura educativa y ha logrado incorporar a miles de jóvenes que antes estaban por fuera del sistema escolar, los niveles de desempeño en matemáticas, lectura y ciencias continúan por debajo de los promedios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Más preocupante aún es que la mayoría de los estudiantes no alcanza las competencias básicas para desenvolverse en la vida.
En los últimos años se han explicado estos resultados apelando a las desigualdades sociales, a las limitaciones presupuestales o a los efectos de la pandemia, que son reales, pero no se ha pasado del diagnóstico a la acción y la educación no ha sido una apuesta de nación.
La evidencia internacional muestra que los sistemas educativos exitosos concentran sus esfuerzos en fortalecer los aprendizajes fundamentales durante los primeros años de escolaridad. No obstante, en Colombia es poco el avance en la educación desde la primera infancia.
También persiste un problema estructural con la formación y capacidad pedagógica de los docentes. Los estudiantes no comprenden adecuadamente los textos que leen. La comprensión lectora es la puerta de entrada al aprendizaje de todas las demás áreas.
Igualmente se debe transformar la enseñanza de las matemáticas desde la educación básica para privilegiar la resolución de problemas, el razonamiento lógico y la aplicación práctica del conocimiento.
Finalmente, la estrategia para mejorar en PISA debe trascender las reformas curriculares y apostar por una visión integral del desarrollo estudiantil. Esto implica fortalecer las habilidades socioemocionales, promover la autonomía y construir ambientes escolares donde los alumnos se sientan reconocidos y valorados. También exige una alianza más estrecha entre la escuela, la familia y la comunidad.
