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viernes, junio 21, 2024

La pedagogía de la escucha

Es tendencia

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En el noble oficio de enseñar siempre es muy saludable y asertivo saber escuchar. La escucha  nos pone delante del otro desprovistos de todo prejuicio y vanidad. Quien sabe escuchar, sabe  solucionar problemas y por ende sabe disponerse a establecer un proyecto de vida que lo haga  feliz y haga feliz a los demás. Decían los abuelos “el que escucha consejos llega a viejo”. El  

maestro, el profesor, el pedagogo debe antes que saber enseñar, saber escuchar a sus  estudiantes. En mis ya casi 25 años de profesor he aprendido que a quienes enseño debo  conocer, tratar como personas y ante todo escucharlos. Los niños y los jóvenes nos enseñan a  enseñar.  

Recuerdo una de tantas anécdotas que me han sucedido en el aula de clase, quería enseñar en  clase de epistemología -rama de la filosofía que se ocupa del conocimiento científico- la  diferencia entre el objeto real y su representación, no sabía cómo hacerlo y me dispuse a  dibujar una manzana en el tablero, a la vez que llevaba otra real para que la rotaran mientras  señalaba la del pizarrón, tal fue mi sorpresa que varios de los estudiantes mientras rotaban la  manzana real algunos la mordieron sin que yo me percatara, cuando lo descubrí les indagué  por qué lo habían hecho, ellos respondieron “porque teníamos hambre y nos gustan las  manzanas”. Inmediatamente comenzamos un diálogo que pasó de lo abstracto a lo real, el  hambre y el deseo son realidades que se palpan; de lo abstracto a lo real hay un paso, y allí en  ese diálogo espontáneo pude acercarme a las necesidades de mis estudiantes. Me enseñaron a  escuchar.  

Podríamos preguntarnos, ¿por qué hoy los niños y los jóvenes dicen lo que dicen y hacen lo  que hacen? Tal pregunta debe llevarme en la metodología de la enseñanza a saber que cada  uno de los que tengo al frente como mis alumnos, tienen cada uno su historia personal, sus  vivencias, sus carencias y riquezas enormes. El adulto siempre será delante de ellos, un  adulto empobrecido. Sus miradas no son mis miradas y sus sueños no son los míos; con la  firmeza que enseño mis conocimientos, con esa misma debo aprender a callar cuando sea  necesario, para que ellos hablen. Muchas veces los silencios tanto del pedagogo como del  estudiante enseñan más, canalizan más mis emociones y las de ellos.  

El aula debe ser un espacio para respetar, promover y ser amigos, y todo esto lo logra el  método de la escucha atenta y sencilla de unos y otros. Un sinónimo de investigación es saber  escuchar qué te dice el otro o lo otro. Debemos aprender a enseñar desde el cerebro del que  aprende. Recuerdo otra anécdota muy simpática, cierta mañana en clase de razonamiento  cualitativo le dije a uno de mis alumnos, dame el ejemplo de tres frutas, a lo cual el  respondió, “tres peras profesor”; yo le dije un poco inquieto, te dije 3 frutas, él insistió esas  son tres frutas, aunque sean de la misma especie; yo razoné inmediatamente y me dije en mi  interior “este chico tiene razón”, ese es su razonamiento cerebral y no está errado, son tres  peras y son frutas. Jesús de Nazareth fue maestro por excelencia, su método fue saber amar  escuchando a los demás. Adenda: ¿Dónde está el padre Darío Valencia Uribe y todos los  desaparecidos? 

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