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sábado, febrero 24, 2024

LA PAZ Y LOS EXCOMBATIENTES

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“Desde la firma del Acuerdo de Paz, han asesinado 419 firmantes   Si no se garantiza la vida para quienes dejan las armas y le apuestan a la legalidad, el riesgo de reincidencia y fracaso del proceso de paz es alto”. 

 

El 13 de Mayo de 2008, día en que 14 comandantes paramilitares fueron extraditados hacia los Estados Unidos, yo comenzaba mi primer día de trabajo en la Agencia Colombiana para la Reintegración de excombatientes, hoy conocida como Agencia de Reincorporación y Normalización – ARN-.  Llegué al cargo después de un proceso de selección liderado por una agencia caza talentos.  Nunca olvidaré cuando en la entrevista final dije: “quiero que sepa que he sido crítica del actual gobierno Uribe y de su proceso de negociación con los paramilitares”. La respuesta del entrevistador fue: “Perfecto. Personas así las necesito aquí”. Asumí el reto y durante 4 años coordiné  la regional Eje Cafetero. 

 

Allí conocí a don José, un campesino que abandonó su tierra en Quinchía y quien había ingresado a las autodefensas porque había sido amenazado por la guerrilla. También conocí a Milton, quien después de prestar servicio en la policía e ingresar al ejército, fue reclutado como informante por las autodefensas y el cartel de Medellín. A Leonardo, campesino del Tolima quien ingresó a los 10 años a la guerrilla después de haber sido torturado por el ejército.  A María, quien terminó de cocinera de los paras para acompañar a su esposo y a Lady, quien como adolescente en el Caquetá se enamoró de un guerrillero. 

 

Sus historias de ingreso a los grupos armados estaban atadas a la pobreza, a la violencia intrafamiliar, a la falta de oportunidades, al desplazamiento, al despojo de tierras, a la injusticia, a la extorsión, a la exclusión, a una decisión equivocada por la ambición, a la admiración por la autoridad que genera las armas, a la vocación por una causa política. Pocos mencionaron haber sido reclutados forzosamente. 

 

Debo decir que, en mis 18 años de experiencia laboral haber conocido de cerca el proceso de reincorporación de excombatientes es hasta el momento la mejor experiencia personal y profesional que he tenido.  Es gracias a ella que sentí la necesidad de trabajar en la empatía o como coloquialmente se dice “ponerse en los zapatos del otro”.  No justifico la violencia de ninguna manera, pero entender que al que vemos como enemigo puede haber sido víctima también, me permitió comprender mejor la complejidad del conflicto y los retos que se generan con esta población en los procesos de paz. 

 

Años después de haber salido de la ARN, reencontrarme con excombatientes y verificar que si es posible encontrar historias de vida exitosas en la legalidad, me emociona. Sin embargo no deja de preocupar que el actual contexto de violencia, narcotráfico y grupos activos ilegales, ponen en riesgos a quienes le apostaron a la paz. Esto también incluye a los miembros de la fuerza pública comparecientes ante la Justicia Especial de Paz.

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