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viernes, julio 19, 2024

La musculatura de mi alma

Es tendencia

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Maritza Salazar Velasquez

Columnista

Sometí mi alma a un entrenamiento, unas veces por coerción y otras tantas por elección. De tanto alzar pesas se hizo robusta, los músculos se hicieron visibles para mí y para quienes la observan. No quise entrenarla verdaderamente, nunca fue mi propósito infligirme dolor para hacerme fuerte, pero aún así, sin planearlo, cada decepción, cada dolor, la iba tornando voluptuosa y prominente.

Empecé a ver el encanto en el hecho de probar un poco más mi resistencia, queriendo ir más allá alardeando fortaleza, alzar el peso mío y otras cuantas pesas, me vi en el espejo intentando impresionar a otros, aunque faltara a mis promesas.

Tengo un alma fuerte, la he entrenado en batallas que no solo ocurren en mi mente; tiene una voluntad gigante y un carácter de teniente, pero es dócil y cálida como los vientos del oriente. Con todo y su musculatura, aún sabiéndose resistente, ella elige la suavidad que esconde entre sus pieles, más allá de lo que pueda, ella elige lo que quiere, anteponiendo su sentir a todo aquello que le conviene.

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