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jueves, febrero 22, 2024

La lluvia

Es tendencia

UTOPIAS

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Héctor Tabares Vásquez
Columnista

Llueve y lo hace torrencialmente, repicando y fluyendo para darnos lugar a pensar en tantas cosas a la vez, “Esta tarde vi llover”, MANZANERO, cuando las gotas caen en el fondo del alma “hasta los huesos calados y helados”, CADICAMO recordando solo un periodo en los años cincuenta, en plena niñez, de un invierno de la magnitud del presente. Y en la medida en la cual va arreciando, siguen cruzando la mente toda clase de inquietudes y diversa índole, incluso al punto de especular acerca de asuntos respecto de cuyos conocimientos hay profunda ignorancia en el tema. Verbi gracia, al percibir y sentirlo en tierra, en forma tal y representando una como tipo de lucha, un enfrentamiento agudo y serio, observando una nubosidad en franca lid con el fenómeno calcinante y apreciar la manera aplastante de ciertas ocasiones donde sale triunfante y absorbe totalmente cualquier viso de luminosidad o ardentía. Pocas tardes o mañanas aparece lo opuesto y es evidente el desorden climático al contemplar meses de auténtico verano, los agostos y los julios, empañados o más bien empapados, siendo lo lógico o presuntamente lo normal, estaban emparentados hacia los conceptos de “abril, lluvias mil” o de las famosas y socorridas “borrascas de mayo”, enfrascados en las cometas de un tiempo propio y a los estíos de diciembre. Y continúa sintiéndose el sonar de la tormenta sobre los cristales, no ceja, es incansable, persiste causando todos los estragos “habidos y por haber”, arrastrando consigo todo cuanto halla a su paso, sin importar concurran a la tragedia seres mortales, fauna, bienes de poderosos, estratos medios o de los desposeídos. Y empieza la reflexión, lucubrando alrededor de la misión o el fin perseguido, imponiéndosele al otro, si ambas pertenecen al mismo género, son universo y naturaleza, cuál la razón de esa radical posición de una y la sumisión del contrario. Y la deducción ligera, fácil, carente de sustentáculo válido, de un argumento firme y fundamentado, estriba en la imperativa y necesaria arremetida al encuentro de una reivindicación, secuencia obvia de los ataques sufridos y de las embestidas resistidas. Un querer devolverle al campo la fertilidad, de rescatar la solidez de sus montañas, un afán de regar y de remojar el ambiente, de recobrar la condición de madre y de asiento de las múltiples fuentes de vida en pro de la humanidad, de una responsabilidad incapaz de vislumbrarse, no obstante las muestras palmarias de un deseo gráfico y aún violento. A través del ventanal, de los vidrios, no cesa ese resbalar y chorrear del líquido precioso, ruidosamente anuncia la vertiginosidad, no envía señales de parar y el golpeteo prosigue interiormente gritándome y azuzándome en el cometido de mantener la línea propuesta, aunque bajo el temor la convicción de un exabrupto, de reiterarse en el cobro de contado de una especie y de un elemento vital, intentando recuperar lo suyo.

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