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lunes, mayo 20, 2024

La lengua es el azote…

Es tendencia

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Ernesto Zuluaga
Columnista

Tengo muchos amigos y parientes que son uribistas recalcitrantes, algunos militantes del partido Centro Democrático. Muy seguramente después de leer esta columna la mayoría de ellos me caerán encima sin compasión y con sevicia y me tildarán con los asiduos epítetos con que califican a quienes no pensamos como ellos. Me llamarán mamerto, izquierdista, guerrillero, comunista, sindicalista y loco.

Me les adelantaré en la polémica. El Centro Democrático es mitómano, maniqueísta y xenofóbico. Veamos. Como el avestruz, esconde la cabeza cuando se ve acorralado y derrotado. Para eludir el fracaso, como ocurrió en las pasadas elecciones, incluso reconocido y aceptado por su jefe único, fabrican estadísticas amañadas con las que pretenden engañarse a sí mismos. Escuché de algunos de sus dirigentes que en la reciente contienda salieron victoriosos porque en las anteriores elecciones de autoridades locales no alcanzaron alcaldías en Risaralda y ahora tienen la de la Celia; que ahora detentan dos concejales en Pereira frente a uno que tenían y que obtuvieron más curules de concejo en el departamento que hace cuatro años.

Olvidan, o mejor omiten, que en la mitad de ese período de tiempo hubo tres elecciones más, dos presidenciales y una de Congreso de la República y que en dos de ellas lograron ganar contundentemente y elegir presidente, pero por sobretodo que en la otra pusieron el 50% de los senadores de la región y el 25% de los representantes a la Cámara. Callan premeditadamente que por su triunfo categórico se llenaron de soberbia al creerse capaces de arrasar con todo, que imaginaron que no necesitaban de nadie y que pondrían gobernador y alcaldes de Pereira y Dosquebradas. De hecho lo intentaron con un esfuerzo descomunal aunque ahora pretendan sugerir que la intención era solo competir y desvestir los pecados de la democracia.

Nadie podría negar la importancia de esta colectividad y de muchos de sus sanos y buenos propósitos, como tampoco de la calidad de algunos de sus candidatos. Pero creer que solo quienes allí militan son los “buenos” de la sociedad y que solo enrolándose en sus huestes se puede ser honorable es una actitud arrogante que solo genera repudio. El Centro Democrático no hace coaliciones con nadie, sus candidatos no se mezclan, son dueños exclusivos de la verdad y pretenden que sus ideas prevalezcan sobre las de los demás. La humildad no es una virtud que cultiven. El que no se avenga a sus conceptos es enemigo, mamerto, corrupto y todas esas cosas que aducen. Han llevado la discusión política a la antigua disyuntiva de “oro y escoria”, lejos de conceptos ideológicos y programáticos. Nada más parecido a los fundamentalismos que han arrasado a través de la historia: el nazismo, el islamismo (como partido político, no como religión), el chavismo y hasta el ku klux klan.

Exacerban la opinión, polarizan el país, creen que una dictadura es la mejor de las opciones, no creen en las instituciones, ni en las cortes, ni en las “ías”, pero sí que solo ellos pueden cambiarlo todo y que los otros partidos son cuevas de ladrones que no tienen remedio ni pueden transformarse ni mejorarse. Piensan también que no son los culpables de lo que sucede aunque reciben sin rubor a ex militantes de las otras colectividades si juran lealtad a su bandera. En el ámbito local muchos de sus candidatos militaron en los partidos tradicionales. Los políticos son buenos si llegan y malos cuando se van.
Sin embargo no perderé a mis amigos por tener ideas diferentes a las suyas aunque ellos piensen de mí que: “la lengua es el azote …”

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