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viernes, abril 12, 2024

La legítima defensa

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Otoniel Arango Collazos

Columnista

Araíz de la quirúrgica defensa que hiciera un galeno en la ciudad de Bogotá, se armó el avispero en torno a la legítima defensa. El hecho en cuestión, sucedió en un puente peatonal donde tres facinerosos intentaban asaltar a un profesional de la medicina, quien ante la agresión inminente salió en defensa de su vida y sus bienes, liquidando a los dueños de lo ajeno.

La legítima defensa es una figura clásica del derecho. Está consagrada en el código penal colombiano en su artículo 32 y tiene que ver con la ausencia de responsabilidad para quien desarrolla el comportamiento prohibido por la ley, cuando obra en determinadas circunstancias que lo eximen de ser penado.

La norma dice textualmente en su numeral sexto: “Cuando se obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual o inminente, siempre que la defensa sea proporcionada a la agresión. Se presume la legítima defensa, en quien rechaza al extraño que, indebidamente intente penetrar o haya penetrado a su habitación o dependencias inmediatas”.

Es pues la legítima defensa, una causal de justificación o, en otros términos, quien actúe de tal manera está exento de responsabilidad, lo cual es absolutamente entendible, si concluimos que todos los seres humanos somos garantes de derechos y en primer lugar de los propios, pues cuando se trata de escoger entre la vida de un delincuente y la de la víctima, siempre se debe escoger la de la víctima; el agresor, debe sufrir sus consecuencias.

No ha de faltar el despistado que busque la calentura en las sábanas y pretenda sacarle partido a la situación, hablando mal del porte legal de armas de fuego, como si la culpa fuera de las personas honradas y no de los delincuentes. Las armas no son peligrosas, son peligrosos quienes las manejan y, sobre todo, aquellos que, no teniendo salvoconducto, salen a hacer de las suyas en contra de ciudadanos honrados e indefensos. El médico es la excepción que confirma la regla. Esto no lo ha podido entender el presidente Duque quien, siguiendo el mal ejemplo del innombrable, prohibió el porte de armas en todo el territorio nacional.

Si todos los buenos ciudadanos estuvieran legalmente armados, cesaría tanto asalto a mano armada y podrían ejercer plenamente su derecho a la legítima defensa, consagrado hasta en el ámbito internacional, como en el caso de la Carta de la ONU que en su artículo 51 prescribe: “Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva”.
Un feliz día y mucha prosperidad.

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