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lunes, febrero 26, 2024

“La legítima defensa”

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Padre Pacho

Columnista

La legítima defensa es el derecho a defenderse o a defender a otra persona de una agresión injusta, así como también el derecho a defender un bien, interrumpiendo la ejecución de una agresión ejercida contra él. En derecho penal, la legítima defensa, es la causa, o situación por la que una persona, puede justificar su conducta, eximir su responsabilidad o reducir su pena, como autor, frente a un hecho o una conducta, que está generalmente prohibida por la ley.

La gran mayoría de legislaciones proponen unas condiciones para que la legitima defensa sea una acción que lleve como propósito proteger la persona contra una amenaza de agresión inminente: Que la respuesta a la agresión sea proporcionada, que se haga para defender la propia integridad o la de persona en peligro, que se haga en el momento de cometerse la primera agresión y no después como venganza, y que el medio empleado sea racional.

Es claro que la legítima defensa corresponde a un sentido primordial de justicia. Pero ya en el plano teórico no se puede negar que la justificación de la legítima defensa suscita graves dificultades, tanto en el plano estrictamente filosófico como en el plano moral. El criterio de inocencia y de culpa, es problemático, por que hace referencia a la objetividad y no a la subjetividad de estas dimensiones. Culpa e inocencia son categorías que vienen a perder todo su significado ético, ya que solo se les puede seguir predicando por una referencia formalista a la estricta legalidad de los comportamientos concretos.

En el terreno moral cuando alguien quiere atentar contra nuestra integridad física y no hay otro modo eficaz de defendernos, estamos en el derecho de hacerlo, independientemente del criterio de la ley civil. Lo que se permite en defensa propia se autoriza igualmente en pro del prójimo injustamente atacado. La norma moral tiene también unas condiciones para que sea legítima defensa: Debe tratarse de un mal muy grave como el peligro de la propia vida, que sea un caso de verdadera agresión física, que se trate de un daño injusto, que el agresor lo haga de modo voluntario y consciente, que no haya otro modo eficaz de defenderse.

Fréderic Bastiat afirmaba categóricamente que, en las relaciones entre individuos, el uso de la fuerza solamente es legítimo cuando se trata de legítima defensa.

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