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sábado, mayo 18, 2024

La jungla pensional colombiana

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Ernesto Zuluaga

Columnista

Los políticos y el gobierno no quieren entender que el sistema pensional que han construido en los últimos años es un exabrupto y que fracasó. El estado no tiene un fondo autosuficiente que pueda pagar todas las pensiones que han sido otorgadas y cada año que pasa debe hacer nuevos incrementos exorbitantes de aportes del presupuesto nacional para financiar el sistema. Sin lugar a discusiones el aparato pensional colombiano es una empresa en bancarrota incapaz de autofinanciarse. Para resolver el problema algunos tecnócratas se inventaron hace veinticinco años una fórmula salvadora (copiada de Chile) en la que el sector financiero reemplazaría de manera gradual al estado mediante la administración de fondos individuales de ahorro que cada trabajador haría durante toda su vida laboral. De acuerdo con esta nueva política a cada uno de nosotros se nos ofrecían dos alternativas pensionales: el régimen de prima media (pensión otorgada por el estado a través de Colpensiones con base en el promedio de cotización de los últimos diez años) y el de ahorro individual (pensión otorgada por una entidad financiera privada con base en la rentabilidad del total de los ahorros obtenidos).

Después de todos estos años el fracaso es inocultable. Cualquier persona “con dos dedos de frente” sabe que la segunda alternativa es casi una estafa. Nadie que tenga información adecuada sobre los dos regímenes buscará pensionarse con los fondos privados. No es necesario dar muchas explicaciones sobre esta realidad pues es indiscutible que todos (los entendidos) prefieren el régimen de prima media a causa del descomunal desbalance de los beneficios que se otorgan. Para evitar que quienes optaran por la opción privada se devolvieran a la pública se inventaron la norma de prohibir el traslado si faltaban menos de diez años para obtener la prestación. Quedamos “presos”. Quienes nos percatamos del error cometido y nos arrepentimos del traslado al régimen privado recibimos una única respuesta: “si se equivocó, se jodió”.

El actual gobierno avaló en su plan de desarrollo un “orangután” para permitir durante cuatro meses el traslado pensional exprés, lo que originó grandes expectativas, pero tuvo que echarse atrás ante el monumental éxodo que se produciría hacia Colpensiones y sus colosales consecuencias presupuestales y de pérdida de los niveles de inversión pública. Una burla disfrazada de torpeza. Mientras nos engañan se aplaza la discusión del problema principal: no hay a la vista un proyecto serio de reforma pensional y a este gobierno no pareciera interesarle. Y si fuese al contrario tampoco parece tener dientes para sacar algo importante en el Congreso de la República.

Seguiremos siendo un país del tercer mundo con desequilibrios sociales abismales. En Colombia solo el 30% de los trabajadores cotizan a pensión. Una situación aberrante que significa que el 70% de ellos llegará a la vejez sin ninguna protección. Vaya miseria la que nos espera!

El gobierno de Duque se acerca al segundo año. ¿Cuándo empezaremos a ver resultados positivos?. Lo único logrado hasta ahora parece ser un divorcio profundo entre el Congreso y el Ejecutivo sustentado en la apología de la “anti mermelada” y con el cuento de que así se combate la corrupción. Mientras tanto y en forma hipócrita hace tránsito en el legislativo otro “simio” que le permitirá a los parlamentarios asignar el 25% del presupuesto de inversión de la nación.

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