22.3 C
Pereira
jueves, junio 20, 2024

La historia se repite

Es tendencia

- Advertisement -

Otoniel Arango Collazos
Columnista

Decía Sófocles, casi 500 años antes de Jesucristo: “Siempre se repite la misma historia: cada individuo no se preocupa más que de sí mismo” y con razón lo reiteraba Polibio el historiador griego, también antes de la era cristiana, cuando se propuso explicar la manera en la que se impuso la hegemonía del Imperio Romano.

Explicaba el historiador sobre las etapas del ciclo histórico, tal como lo cita Vladimiro Naranjo en su Teoría Constitucional e Instituciones Políticas, editorial Temis: “La primera etapa es aquella en la cual los hombre adhieren voluntariamente al más fuerte, quien se torna en rey justo y moral en un principio, pero luego se dejará llevar por sus pasiones. Se inicia una segunda etapa, en la cual los mejores destruyen esa tiranía y el pueblo, en recompensa, les confía el mando; los abusos de estos aristócratas hacen que el gobierno degenere en una oligarquía, tal como lo planteara Aristóteles, contra la cual es preciso reaccionar. Entonces vendrá una tercera etapa, cuando el pueblo rebela e instaura la democracia. Pero esta se convierte luego en demagogia y como resultado de la anarquía, el desorden y la violencia, el más fuerte será proclamado rey, con lo cual el ciclo se reinicia”.

Más recientemente, Napoleón Bonaparte (1769-1821), lanzó su muy conocida frase, pero pocas veces puesta en práctica: “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Lo anterior nos lleva a otra frase muy conocida de Lord Acton, historiador y político inglés “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, con lo cual se concluye que la naturaleza del hombre no solo es variable, sino que infortunadamente tiene una marcada tendencia a la corrupción, a la avaricia, a las ansias de poder, a una manera de actuar francamente egoísta que no le permite pensar en sus congéneres sino en sí mismo.

Da lo mismo que al ser humano lo situemos en la antigua Roma, en la flemática Inglaterra o en la campechana Colombia, como se ha visto, han pasado milenios y la historia se repite ineluctablemente y no aprendemos las lecciones; seguimos jugando a las cuoticas de poder donde queremos aparentar ser dioses, no importa que la gloria sea tan fugaz como las estrellas que de cuando en cuando cruzan la bóveda celeste. Miramos con desparpajo a los más necesitados, nos burlamos de ellos, los explotamos y les prometemos el cielo y la tierra sin sonrojarnos y el pueblo tonto que nunca aprende, siga eligiendo a los mismos con las mismas. ¿Cuántos milenios más necesitaremos para entender lo elemental?

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -