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jueves, febrero 29, 2024

La gente está mamada y en contra de todo

Es tendencia

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Julián Cárdenas Correa

Columnista

Hace algún tiempo varios pensadores y analistas, vienen “prediciendo” que estos últimos años, con especial énfasis lo que será de aquí hasta 2030, es una época de profundos cambios sociales a nivel global, y el covid, la guerra de Rusia contra Ucrania, por citar dos ejemplos, parece que va dejando claro que esos expertos van teniendo razón.

Aunque Marine Le Pen no ganó en Francia las elecciones, no deja de sorprender su alto caudal electoral, cuando muchos la daban por “mueble viejo” en política. Pero este es sólo uno más de lo que venimos viendo: En Italia de manera reiterada cambios abruptos de liderazgo, en Gran Bretaña lo que vimos con el Brexit; en Estados Unidos el fenómeno Trump.  Y no es sólo en el primer mundo occidental: Vemos cómo Chile dio una patada a todo lo que le hacía Estado Nación y quiere cambiar hasta su bandera y su himno; o cómo Brasil pasó de la izquierda a la extrema derecha y eligió a un tipo poco brillante pero sí muy autoritario. Argentina pasó de la izquierda de los Kirchner a la derecha de Macri, para volver de nuevo a la izquierda que no puede sacar a su país de una inflación que supera el 50% y que ve cómo su riqueza y su potencial se van esfumando. Incluso los jóvenes argentinos, muchos de los que votaron a Alberto Fernández, hoy emigran en cantidades buscando opciones.

Y me temo que es parecido lo que se nos viene con la muy probable elección de Gustavo Petro. Como la gente dice estar mamada, pues se inclinan por quien creen que es un outsider. La gente quiere desconocer que Petro realmente ha sido un burócrata por décadas. Cuando se increpa a la gente que está a favor del candidato, con argumentos serios, sustentados, simplemente se prefiere el desaire de reconocer que igual lo que quieren es un cambio, el que sea.

Cuando se lee un poco de lo que está pasando en muchos países, lo que vemos es que la gente sí está mamada, el problema es también que ese cansancio, ese “estar mamado” luce más como una básica e irreflexiva sensación de querer cambios porque sí. Esos cambios que se desean son eso, simples cambios, los que sean.

Por esto la gente se inclina a la derecha en gobiernos de izquierda, o a la izquierda en gobiernos de derecha, al desorden si ven orden, y al orden si ven que campea el anarquismo.

No deja de generar este deseo de cambio radical que nos rodea, un cierto sentido de angustia. No hay argumentación válida, no hay sustentación seria, todo se reduce a un mísero deseo de cambio sin sustento, sin propósito, y nada genera más sentimiento de soledad o de insatisfacción permanente, que la ausencia de propósitos.

Estoy seguro de que muchos de los que votaran a Petro, ni siquiera ven en él una verdadera esperanza del cambio que desean; simplemente idealizaron en una persona ese deseo de que todo cambie, de que las cosas se compliquen… esperemos que no estén llorando como literalmente lo están muchos votantes de Chile que eligieron el cambio de constitución y a Boric, o sea, ya cuando nada hay por hacer.

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