PADRE PACHO
Una tragedia como el terremoto que hemos vivido en Colombia no solamente sacude edificios, templos y calles; también sacude nuestras ideas acerca de Dios.
Cuando la tierra tiembla y contemplamos casas destruidas, familias desplazadas, personas heridas, pérdidas económicas y comunidadesenteras tratando de levantarse, inevitablemente aparece una pregunta religiosa: ¿por qué ocurrió esto? Y junto a ella surge una tentación muy antigua: interpretar la tragedia mediante la lógica del premio y del castigo.
Algunos llegan a pensar que si algo terrible sucedió es porque Dios está castigando a una ciudad, a una sociedad o a unas personas por sus pecados. Precisamente frente a esa manera de pensar, el libro de Job tiene una palabra extraordinariamente actual.
Job pone en juicio la idea de que podemos leer cada acontecimiento de la vida como si fuera una factura enviada por Dios: prosperidad como recompensa por habernos comportado bien y desgracia como castigo por habernos comportado mal.
Esa es exactamente la lógica de Elifaz, Bildad y Zofar. Ellos contemplan la desgracia de Job y razonan de una manera aparentemente impecable: Dios es justo; Dios recompensa al bueno y castiga al malo; Job está sufriendo terriblemente; por lo tanto, Job debe haber hecho algo para merecerlo. Su sufrimiento no puede explicarse mediante una culpa escondida. De esta manera, todo el libro se convierte en una crítica contra nuestra pretensión de establecer una relación automática entre culpa y desgracia, virtud y prosperidad.
Esta enseñanza resulta especialmente necesaria después de un terremoto. Cuando alguien afirma que una ciudad fue sacudida porque «Dios la está castigando», está repitiendo, quizá sin saberlo, la teología de los amigos de Job. Está mirando los escombros y tratando de descubrir pecadores debajo de ellos. Pero el sufrimiento no funciona así. En un terremoto puede perder su casa una persona profundamente creyente y conservarla alguien indiferente a Dios; puede caer un templo y permanecer en pie un lugar dedicado a actividades completamente contrarias al Evangelio. Un terremoto pertenece a la dinámica natural de una tierra viva, formada por placas tectónicas, fallas geológicas y enormes procesos físicos que han configurado nuestro planeta durante millones de años. Reconocer las causas naturales de un terremoto no elimina a Dios de nuestra comprensión de la realidad. Lo que elimina es una imagen equivocada de Dios: la imagen de un Dios que mueve las placas tectónicas para castigar selectivamente a determinados seres humanos. Continuara…
