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domingo, mayo 26, 2024

La espiral de inseguridad y violencia

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El investigador Eduardo Sáenz Rovner acaba de publicar su libro investigativo “Conexión  Colombia: una historia del narcotráfico entre los años 30 y 90”, vale la pena anotar que Sáenz  vivió durante 20 años en Pereira y que desde acá comenzó a indagar como ningún otro el por  qué a Colombia se lo “tragó el narcotráfico”. El autor desde los años 80 y 90 nos advierte de  manera prematura cómo Pereira se convertirá en los años posteriores en la “meca” del  negocio maldito de las drogas, después de Medellín y Cali. En efecto, así lo hemos  constatado y vivido en estos últimos 30 años; Pereira por su clima, ubicación geográfica y  don de gentes ha sido sitio predilecto para esconder bandidos y encubar problemas gigantes  de micro y macro-tráfico. No podemos tapar el sol con un dedo, el mal existe y busca un  aliado, el ser humano. El mal no es una fuerza anónima; sino que actúa de manera concreta  sembrando terror y miedo. 

Al lado de la mayoría de los pereiranos nobles, cívicos y emprendedores, existe una historia  que especialmente en las últimas décadas debemos enfrentar, la cultura “traqueta y mafiosa”  que retrató, y que, dicho sea de paso, nadie le reclamó al escritor Gustavo Bolívar en la  novela que lo hizo rico “Sin senos no hay paraíso” y que maltrataba de manera tan vulgar y  violenta especialmente a nuestras mujeres cafeteras. Mito o realidad para nuestra desgracia.  

El escritor Sáenz afirma que en Pereira se inventaron “fórmulas desde la producción como  anfetaminas, hasta las más inverosímiles formas de pasar la droga en el aeropuerto  internacional Matecaña”, esto unido, agrega, “al contubernio -beneplácito- entre el poder  político, empresarial, social y económico de los poderosos de turno”. Lamentable realidad,  pero es realidad. Expresiones de mujeres que se volvieron comunes como “salí anoche con un  “mágico” y me dio de todo” se acentuaron en barrios y comunas de la ciudad. El auge de  salidas masivas de conciudadanos de nuestros pueblos y capital para España especialmente y  los Estados Unidos, para enviar sus “remesas” al eje cafetero fueron el boom y ahora son el  marcado desequilibrio y falta de oportunidades ante la “desaceleración” de la economía  mundial y poca llegada de estas.  

Si durante 20 años vivimos de remesas, hoy sobrevivimos apenas de la informalidad y un  creciente desempleo. No aprendimos a trabajar en nuestra tierra natal. Todo esto es el caldo  de cultivo de la zozobra que vivimos en nuestras calles, de la inseguridad que avanza, de las  deficientes políticas públicas y sociales de nuestros gobiernos, de la corrupción y afán de  poder de clanes que se “incrustan” de manera silenciosa pero efectiva en nuestro bello eje del  eje, Pereira. Llorar hoy nuestros muertos, los de nuestros familiares, amigos y vecinos, es el  resultado de una sociedad pereirana que debe imperativamente volver a Dios y sus principios,  a su amor y sus mandamientos; a los valores que aprendimos de esos arrieros honrados y  trabajadores que cubrieron con la “capa del viejo hidalgo” del maestro Gonzales, una tierra  que puede enderezar su camino si todos ponemos de nuestra parte.

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