Fabian Henao Ocampo
Las estadísticas del DANE confirman una realidad desgarradora para nuestra región: el cáncer se ha convertido en la principal causa de muerte en el Eje Cafetero, superando a las enfermedades del corazón, las afecciones respiratorias y los accidentes viales. Detrás de las frías cifras se esconde una verdad innegable que toca a casi todos los hogares colombianos. Todos, sin excepción, conocemos a alguien, un amigo entrañable o un familiar cercano, que ha tenido que padecer los rigores de esta terrible enfermedad, la cual no distingue condición social, género ni edad para golpear con fuerza.
Antes de la llegada de la pandemia, tuve la oportunidad de vivir de cerca este drama al visitar a los pacientes internados en la clínica de Maraya. Mi labor consistía en recorrer las salas cada ocho días para ofrecer la Comunión a los enfermos y a sus acompañantes; una tarea profundamente dura que exige una inmensa fortaleza emocional y espiritual. En esos pasillos me crucé con rostros conocidos amigos y excompañeros de trabajo: algunos aún conservaban cierta vitalidad, mientras que otros mostraban un avanzado deterioro. El factor común, y el más doloroso, era la rapidez del desenlace; a muchos los veía una semana y a la siguiente, ya no estaban.
Allá, en la clínica de Oncólogos, se conoce la historia de un niño de nueve años que, con una fe y una voluntad admirables, hizo todo lo posible para hacer su Primera Comunión. Él y sus padres se comprometieron con devoción en esa tarea y lo lograron antes de que su luz se apagara. El pequeño fue un ejemplo de lucha y su recuerdo permanece en el lugar como un testimonio de amor familiar en medio de la adversidad.
Aunque a ciencia cierta no se conoce el número exacto de personas que hoy batallan contra el cáncer en el Eje Cafetero, lo que sí es una dolorosa certeza, es que más de la mitad de las muertes anuales en nuestra región están ligadas a este diagnóstico. Más allá de todo razonamiento se puede afirmar que el cáncer está ensañado con el eje cafetero; muchos la llaman la enfermedad de los sentimientos, aquella que devasta no solo los cuerpos de quienes la padecen, sino el alma de las familias que se quedan atrapadas en todo el sufrimiento que esta enfermedad trae consigo y de la que algunos logran salvarse.
