Víctor Zuluaga Gómez
¨La misión de la Universidad es preparar para el mercado laboral”. Esta fue una de las declaraciones del actual candidato a la vicepresidencia, Juan Daniel Oviedo, planteamiento que Julián De Zubiría Samper considera no apropiado de quien en su momento fue su compañero en el equipo encargado de formular políticas educativas y en donde, si bien se considera importante dar las herramientas necesarias para el ejercicio de una profesión, existe paralelamente un componente humanístico, fundamental en todos los niveles de educación.
Y traigo a mi memoria cuando siendo miembro de un Consejo Directivo universitario, me comentaba un estudiante de ingeniería que uno de sus profesores les había recomendado que cuando egresaran como ingenieros, consiguieran un empleo en el sector público para que allí pudieran cometer todos los errores posibles como principiantes y luego, cuando se consolidaran en su profesión, se vincularan con una empresa privada.
Estas reflexiones las planteo en torno a un artículo publicado por mi colega Walter Benavides, en donde dice: “Si lo que la UTP reconoce como investigadores, no le apuntan a soluciones de problemas del agua, alimentación, infraestructura, energía, modernización, bienestar general, querría decir que estamos hace mucho tiempo engañados, perdiendo tiempo y recursos. Ojalá y quisiera estar equivocado. Pero tranquilos, aquí no pasa nada”.
Veamos las reflexiones que hace Julián De Zubiría al respecto, recalcando la misión que debe cumplir la Universidad, desde el punto de vista de la formación humanística: “El abandono de las diversas dimensiones humanas por parte del sistema educativo, ha causado graves perjuicios. Los estudios llevados a cabo en años recientes por Cifras y conceptos y por la Universidad del Rosario y que llevan por título “Qué piensan y sienten los jóvenes en Colombia?” evidencian que la institución más valorada por los jóvenes en el país sigue siendo la universidad. Ellos no creen en la clase política, los congresistas, los influenciadores o los partidos políticos, pero confían mucho en sus universidades, los investigadores y los profesores; en especial, los vinculados con las universidades públicas. No obstante, los mismos estudiantes confiesas que, a pesar de la confianza, no recurrirían a sus universidades en caso de padecer crisis emocional.
Esto sucede porque la universidad es muy valorada por los estudiantes desde el punto de vista académico, pero ha dejado de lado el acompañamiento de los jóvenes a nivel socioafectivo, comunicativo y emocional».
