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miércoles, abril 24, 2024

La desnudez de Bolívar

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LA CASA ESTÁ DETERIORADA

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El sello inconfundible de una Pereira libre pensadora, acicalada a la vez por la fe en Dios de los arrieros fundadores, nos ubica en la majestuosa obra del Maestro Rodrigo Arenas Betancourt quien en Mayo de 1963 y en plena celebración del Centenario de la Ciudad, trae desde México -Acapulco- la gran estatua del Libertador Bolívar, montado en su caballo – Palomo-, con una antorcha en su mano derecha y lo más curioso y “escandaloso” para la época, desnudo, totalmente desnudo y su “humanidad” a los cuatro vientos.
La Sociedad de Mejoras Públicas se la encarga desde 1955, con un valor total de 300 mil pesos, con abonos a medida que progresara el trabajo. Su boceto inicial fue rechazado no por el caballo, ni por la antorcha, sino por la desnudez del protagonista central. El maestro Arenas disertó y “convenció” con aquello de que Pereira se alzaría “señorial” y libre tarde que temprano, como lo diría el himno “al recio empuje de sus titanes”. Que Bolívar estuvo desnudo, claro, así lo registra la historia: “los conspiradores decidieron asesinar a Bolívar, y fue la noche del jueves 25 de septiembre de 1828 mientras el Libertador dormía en el Palacio de San Carlos, donde Manuelita le advierte del suceso y escapa raudo por la ventana, desnudo, sin espada, ni pistola”. Lo otro ya lo sabemos. El Maestro Arenas evocó este dato histórico, lo pone en su fiel corcel y lo lanza con ímpetu y portando la llama de la libertad.
En la tarde de mayo del 63 en plena plaza pereirana, Arenas expresa: “Quedó desnudo el hombre, tal un Cristo a caballo. Desnudo el caballo, desnudo el fuego -como en las manos de Prometeo- desnudas las banderas. Nada más, nada menos que un Prometeo. El hombre volando con el fuego sobre la bestia y sobre las montañas en donde los hombres duermen y engendran. Ciegos que buscan la luz. Esclavos que buscan la libertad. Bolívar-Prometeo.
Bolívar-Tempestad. Bolívar-Incendio. Tal es mi estatua. No otra cosa fuera que las ganas de independencia, un anhelo de libertad para conocer, para vivir, para creer”.
La desnudez del Libertador rima hoy, no solo con la curiosidad de aquellos, especialmentelos turistas que se toman fotos, selfies, que detallan y buscan hasta “ingenuamente o morbosamente” las partes nobles del Libertador, hasta la indiferencia de nosotros los propios, los “pueblerinos” a los cuales la majestuosa obra de bronce se nos volvió paisaje. De la desnudez del Bolívar pereirano nos va quedando poco a poco la intemperie a la cual se somete la ciudad en términos sociales, culturales y políticos.
Sociales porque son muchos los “cinturones de miseria” que se extienden por nuestras montañas y barrios. Mucha gente “en el mejor vividero de Colombia” según lo último que quisimos acuñar como slogan, pero con hambre, sin trabajo y sin ninguna oportunidad. Desnudez cultural porque “emigramos” de la cultura arriera y honrada del café a la mafiosa, en donde les encanta esconderse a los traficantes de droga causando graves problemas de inseguridad, aparente desarrollo y ciudad de las mil oportunidades. Y política porque no hay un proyecto serio que aglutine el bien común y las muchas ofertas que esta la bella Pereira nos brinda. El pudor de Bolívar terminó cuando dejando Cúcuta, y pasando ya rendido a Santa Marta donde moriría, sentenció: “pueblo ingrato y traidor, me voy, y ahí les dejo mi gloria”.

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