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martes, junio 25, 2024

La defensa de las ideas

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Julián Cárdenas Correa

Hay algo que llama mucho la atención, pero sobre lo cual encontramos difícilmente la explicación. La izquierda y el mal llamado progresismo, no tienen ningún problema en ventilar abiertamente, sin tapujos, sin sonrojarse, sin mensajes vedados, sus deseos y sus posturas respecto a todo.
Si consideran que Venezuela y Cuba son admirables y respetables y tienen gobiernos éticos y superiores moralmente, lo dicen. Si consideran que el sistema de salud debe ser público en su totalidad, lo dicen y hacen la gestión de frente para acabar con lo privado. Si consideran que a todos los pobres se les deben dar subsidios, así sepan que eso conlleva más mal que bien, igual lo hacen y promueven. Si consideran que las pensiones deben ser manejadas por el Estado, igual se inmolan hasta lograrlo; independientemente de que sepan también que ese Estado no tiene ni la capacidad, ni los recursos para hacer de ese sistema, un sistema sostenible en el tiempo. Si consideran que las Fuerzas Armadas y de Policía son enemigos del pueblo, las atacan con fiereza, sin miedos de ningún tipo. Si consideran que deben invadirse propiedades privadas, lo dicen también, sin temer el peso de la ley. Si están convencidos de que los empresarios somos malos, se nos señala con odio y vehemencia, con total ingratitud por el progreso generado, progreso del que todos, incluida la izquierda, se benefician.
Pero si extraña ese nivel de convicción y personalidad por parte de ese mal llamado progresismo, extraña aún más que los que no somos ni de izquierda ni progresistas, nos de pena, temor, manifestar aquellas ideas de las que estamos convencidos. Si eso sigue así, la pelea está perdida, porque nadie se atreve a exponer con la argumentación y la razón que nos asiste, todo eso que está mal.
Seguir defendiendo por partes, o con discursos timoratos y fragmentados, una que otra idea que los “otros” señalan de derecha, no nos sirve de nada. Hoy, manifestar una idea con mínimo volumen por la preocupación de ser señalado de fascista, no hace defensa de lo que es defendible.
No se trata de subirse al cuadrilátero y seguir aumentando el odio y la polarización. Se trata simplemente de defender unas ideas, unos resultados, unos hechos, que tienen que ser cacareados todos los días, todo el tiempo, siempre. Si eso genera ampolla, ahí sí como dice la vice de Colombia: pues de malas.
Verdades que no pueden ser ocultadas, ni defendidas con voz quebrada, o con temor: Venezuela y Cuba poseen gobiernos ruines y despreciables. El sistema de salud privado es mejor y más eficiente que el público, duélale a quien le duela (Quien no asistió nunca a una fila de días enteros, sólo para obtener la cita con un médico general, como era en el ISS, no debería opinar). Los subsidios no disminuyen la pobreza, al contrario, la aumentan porque vuelve dependientes a quienes se acostumbran a ellos. El Estado en ningún país, ni rico ni pobre, tiene la capacidad de hacer de los sistemas de pensiones, sistemas sostenibles. Las Fuerzas Armadas y de Policía son admirables porque están dispuestas a dar la vida por todos, en cumplimiento de su deber. Los empresarios somos los buenos, los que generamos riqueza y progreso y los malos son los políticos corruptos, de derecha o izquierda.

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