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martes, julio 23, 2024

La decisión de salvar el Planeta es de los ciudadanos

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Humberto Tobón*

Columnista

Somos los ciudadanos los que tenemos la decisión final de frenar el cambio climático. ¿Fácil? Bastaría con no comprar vehículos movidos a gasolina. No adquirir objetos de plástico de poca duración, especialmente bolsas y botellas. No imprimir ningún documento y exigir que todos los procesos legales y administrativos sean virtuales. Impulsar un movimiento para que el alumbrado público se alimente con energía solar. Rechazar todos los productos que requieran pilas, especialmente las que tienen cadmio, pues una sola unidad contamina medio millón de litros de agua. Considerar la posibilidad de disminuir el consumo de carne bovina, pues estos animales producen cada uno diariamente alrededor de 300 litros de metano, uno de los peores gases de efecto invernadero. Lanzar un plan de recuperación del suelo eliminando los agroquímicos.

Es claro que las soluciones están en nuestras manos. No le echemos la culpa únicamente a los políticos y gobiernos, pues la responsabilidad no es sólo de ellos, que en general han sido inferiores en todo el mundo a dictar medidas que eviten que el planeta siga enfrentando las consecuencias del cambio climático, cada vez más drásticas y dañinas.

Con las conclusiones de la COP26 en Glasgow, es claro que los dirigentes del mundo, especialmente de las grandes potencias, no quieren hacer lo que les corresponde, debido que para ellos pesa mucho más la variable económica que la ambiental y, por tanto, la garantía de proteger la vida en todas sus formas, figura en un segundo plano.

Es una imprudencia quedarnos cruzados de brazos esperando hasta la COP27 en Sharm el-Sheij – Egipto en noviembre del 2022. Muy seguramente será tarde y las conclusiones volverán a ser frustrantes.

Si los ciudadanos toman decisiones de consumo inteligente, racional y con motivaciones de protección ambiental, presionarán muy fuerte las tendencias de la producción y harán que el modelo depredador que nos tiene aprisionados, deba girar en otra dirección.

La pregunta que surge es si los habitantes del planeta, de manera individual, sin la presión de normas legales, somos capaces de actuar para preservar la única casa que tenemos disponible para vivir. Sabemos que los humanos, tan egoístas, nos resistimos a negarnos la posibilidad de disfrutar de los beneficios de la modernidad, así estos comprometan la vida de nuestros hijos, nietos, bisnietos, tataranietos, choznos y bichoznos, si es que estos últimos logran salvarse de las catástrofes que amenazan la tierra por efectos de un cambio climático, el que los políticos y los gobiernos no quieren enfrentar con decisión y oportunidad. ¿Cambiaremos?

Es evidente que los conflictos políticos y diplomáticos sobre el cambio climático se irán resolviendo lentamente, incluso cuando haya poco qué hacer y tengamos, literalmente, el agua al cuello. Pero cada persona sí puede asumir una actitud responsable con su calidad de vida actual y con la que le debemos legar a las generaciones futuras. Lo podemos hacer libremente, o algún día nos impondrán las medidas y serán muy dolorosas.

*Estos conceptos no comprometen a la RAP Eje Cafetero, de la que soy Subgerente de Planeación Regional.

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