Carlos Andrés Hernández
A pesar que en este proceso electoral para Congreso habrá menos partidos que en el año 2022, la proliferación de estos todavía perdura, donde varios partidos y movimientos se presentaron en el tarjetón de forma coaligada. Muchos de estos sin identidad ni ideología, lo que muestra la fragilidad del sistema político colombiano, donde abundan los partidos de garaje, movimientos de grupos significativos creados por necesidad o interés coyuntural y partidos mutantes coaligados sin ningún tipo de identidad ni ideología. La crisis de los partidos tradicionales en medio de escándalos de corrupción y el desgaste de su dirigencia es un hecho real, ya nadie cree en ellos. Los actos legislativos y la reforma política en la Ley 1475 del 2011, tenían como objetivo en la exposición de motivos, fortalecer los partidos tradicionales, pero su efecto fue todo lo contrario, generándose un desgaste mayor de estos, abriéndose el boquete de la creación de partidos de garaje y la conformación de grupos significativos por firmas, muchos sin ideologías, identidad, creándose por temas coyunturales, lo cual no permite indilgar responsabilidad por sus acciones de sus militantes a futuro, donde muchos en medio de escándalos penales y de corrupción, lo que hacen es mutar de un partido o movimiento a otro, camuflándose sin ningún tipo de vergüenza. En Colombia no es un secreto que muchos dirigentes de partidos cobran por los avales, convirtiéndose esto en una feria y negocio en época electoral, donde muchos candidatos para mostrar fuerza en los apoyos, coleccionan partidos como láminas de álbum, sin tener un apoyo tangible real. La política se encuentra permeada en medio de escándalos de corrupción y financiación de dineros oscuros patrocinados por grupos guerrilleros, narcotraficantes o paramilitares, donde para estas elecciones el presidente en alocución esta semana sale a decir cínicamente que la democracia está garantizada. Donde todos sabemos, empezando por la fuerza pública que con el deterioro de la seguridad y la paz total, existen regiones vedadas para el ejercicio de la democracia en Colombia. En los departamentos donde la violencia no restringe el voto, los clanes políticos y los herederos de las administraciones territoriales presionan contratistas, utilizan recursos públicos y salen a comprar el voto bajo la figura camuflada de los electoreros. Figura que los órganos de control conocen pero que al pasar frente a ellos prefieren hacerse de la vista gorda. Eso es la maravillosa hipocresía de la doble moral de la política colombiana, donde todos conocemos donde están los vicios y lo vacíos del sistema electoral colombiano que se practica en Colombia, por eso no conviene reformar el Código electoral del año 86 por parte de los padres de la patria y por eso la reforma política es hipocrática e inoperante. Así nunca lograremos pasar a la transición del voto electrónico ya que conviene que los jurados que se puedan comprar en regiones vulnerables sean los garantes de los actores oscuros. Esperemos que algún día el pueblo despierte de su letargo, cosa que parece difícil en estas elecciones, donde los candidatos que puntean las encuestas, muchas amañadas, son un alfil alineado con la guerrilla que niega el secuestro, reclutamiento y tortura de niños, así los dirigentes de las Farc lo confirmaran esta semana ante la JEP o un candidato que se hace llamar de extrema derecha, que apoyó a Petro en el pasado, showman, payaso y bufón en tarima, ex defensor y amigo de narcos y bandidos.
