La cuota del carro

Por: Fabián Henao Ocampo

No hay pecado más caro en este siglo que el que paga  aquel que necesita o desea comprar algo con el dinero que todavía no tiene. El sistema financiero ese monstruo de modales de seda y cálculo de acero, ha diseñado la trampa perfecta: la cuota del carro, la cuota de la casa, la cuota de cualquier cosa. 

Es fascinante y doloroso ver cómo en otros países el crédito es una escalera para progresar  y no un grillete que atormenta. En Panamá por ejemplo,  el ciudadano compra un carro y paga un carro y si lo utiliza para trabajar los intereses son muy suaves y a veces inexistentes. En cambio en Colombia comprar un vehículo  a crédito es como adquirir un pagaré con llantas;  si le prestan 40 millones, usted terminará pagando  el doble o más, dependiendo de la voracidad de la tasa y los requisitos del banco.  Como si fuera poco el carro  queda pignorado, prendado y  convertido en un rehén de metal que no será suyo hasta que haga el último pago.

Asi las cosas, si su cuota es de un millón de pesos, seiscientos mil se esfuman en intereses, seguros y arandelas administrativas. Es decir usted no está comprando un carro, está comprando dos y el segundo se lo regala al banco.  Y si usted decide pagar antes de tiempo; aparece la «multa por pago anticipado» que es como el castigo por ser buena paga y la penalización por querer librarse  antes de lo previsto.

Lamentablemente, la dinámica del consumismo nos ha ido amoldando a la idea perversa de que el éxito es proporcional al carro que se maneja;  nada más alejado de la realidad; el estatus pasajero que da un carro no puede ser la excusa para someterse  al abuso y la injusticia de los prestamistas que aprovechan la necesidad o el deseo del que necesita transportase.

Todo este desorden se lo debemos a los antiguos habitantes de Mesopotamia;  allá la lógica dictaba que si uno prestaba  una vaca, esta vaca  tendría crías  y  por lo tanto, había que pagar el resultado de ese beneficio. Si te prestamos granos pagas más granos; la modernidad lo adoptó: te prestamos plata, pagas más plata.  Siempre hemos sabido que todo lo que se compra a crédito es más caro pero no tan caro, es  la multa de la pobreza “pagar el doble por progresar”.

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