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martes, julio 16, 2024

La Colombia de extremos

Es tendencia

DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Ramiro Tabares Idárraga
Columnista
Dice el maestro Jorge Orlando Melo en su reciente publicación Historia Mínima de Colombia, que se trata de la historia de un país que ha oscilado entre la guerra y la paz, la pobreza y el bienestar, el autoritarismo y la democracia. Es la convergencia de los extremos donde las clases populares y menos favorecidas si tienen asegurado su lugar, abajo y excluidos.

Colombia, país de regiones, se viene estudiando desde los tratados de Germán Colmenares, conformando conglomerados geográficos, políticos y culturales, que han ido acentuando esas diferencias muy visibles a la vuelta de la esquina; y perjudiciales para la conformación de unidad nacional o proyecto de nación como ha sido el sueño latente de William Ospina. Esta realidad ha sido aprovechada por las oligarquías regionales, quienes a manera de feudos gobiernan con súper poderes y solo apoyan al gobierno central en época de elecciones, esperando el pago de favores con recursos, impuestos y cargos públicos para sí mismos. Esta es una de las razones de ocupar el vergonzante primer lugar en corrupción.

La obra es una seria y bien documentada investigación, de la historia del país desde sus primeros habitantes cazadores y recolectores, pasando por el descubrimiento, conquista y colonia hasta la república liberal, hegemonía conservadora y el siglo XX con aciertos y errores de gobernantes, la mayoría alejados de la problemática nacional y más bien interesados en esa filosofía barata “deje así”; y por ello el estado de cosas. El autor como experto en temas sociales plantea un análisis de la crisis de finales de siglo y comienzos del XXI, donde la corrupción, los pésimos gobiernos y sobre todo la pasividad del pueblo, forman un triunvirato que no permite avanzar hacia los cambios y desafíos planteados por la modernidad.

Estos extremos hoy son alimentados por empresarios, medios e iglesias, quienes han logrado construir feudos ricos y poderosos de las ruinas del mismo estado al cual han vendido y privatizado; y sobre todo eliminando condiciones dignas de trabajo y estabilidad económica para el núcleo de la población. Si no es por tutelas y fallos judiciales de jueces y altas cortes, puede decirse que asistimos a una dictadura vestida de civil, con toga de magistrados y batolas de curas y pastores. Ejemplos como el de la isla de San Andrés donde hay devastación por un huracán, pero hubo tiempo de firmar el contrato de alumbrado navideño, o los fallidos nombramientos del tenebroso N.H. Martínez, y los altos oficiales de la Policía en juicios por corrupción, pero en formación le dicen a los jóvenes que no pueden recibir coimas de un vendedor ambulante o conductor infractor.

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