Héctor Tabares Vásquez
No podemos ocultar la propensión consuetudinaria de inclinar la balanza de las excelencias propias de una región, de un arte o profesión cualquiera, siempre situando a los foráneos en primera dimensión frente a los nuestros. Es el caso de esta reseña, en este evento, de la obra titulada y refrendada de la escritora Chilena autora del título de la Columna. Alguien apuntaba a conceptuar respecto de la lectura, de la satisfacción lograda cuando el texto llevaba al lector a ubicarse en terreno de nosotros y a sentir la complacencia de congraciarse del argumento, en la medida en que reflejaba e incluía en la problemática, las inquietudes, la dogmática Además el otro criterio muy sonado, radica en las ventajas de la novela de poseer la calidad suficiente para dar ocasión a diversas interpretaciones. Es quizás de las tantas razones en el adentrarse en el recorrido por páginas pletóricas de circunstancias emotivas, de aspectos de la entraña de comunidades asentadas en tal lugar de la geografía, en todas la implicaciones intrínsecas de la raza, de población, costumbres y maneras de actuar, de ser y de pensar, presuntamente copiadas, repetidas y sumamente impregnadas de civilización importada y encargada de doblegar la castas y sus cimientos, de identidad cultural y un contenido social, todos ellos factores incidentes en la relación y complementación de lo propio. En esa historia de narración caracterizada en la índole y belleza del escrito, engalanada de la serie de metáforas bellas, conmovedoras y adornadas de alcances infinitos y de un vuelo inalcanzable en el desarrollo. En las diferentes facetas ínsitas en el camino de las letras, existe un elemento imposible de evadirse al tratarse de la parte ideológica y de crudeza soberbia en el desenvolvimiento de la construcción. En esos amplios y ardientes trayectos, entre las corrientes doctrinarias, es preciso tomar con pinzas la temática en el significado a otorgarle a la situación dispersa en el relato. En lo personal, en el forma de ver y de analizar el importante ejemplar en comento, hay fragmentos dentro de los cuales parecería estuviéramos situados no en las tierras de su nacionalidad, sino en toda Latinoamérica, pero principalmente en ésta sección del continente. Allí aparecen los vicios y las falencias de un modo de comportarse, meditar y vivir donde confluyen aquellos defectos, incordios y vacíos, de las clases políticas y también de los abusos, desbordes, así, de lo mismo, igual, los métodos anárquicos, convulsivos y anacrónicos de nuestra condición filosófica. No anduvimos demasiado distantes de habernos inducido otra vez en el famoso “boom”, de anteriores épocas, empero, es como si lo viviéramos ahora.
(1) ALLENDE, Isabel. La Casa de los Espíritus. Plaza Janes. Editorial.Terdera Reimpresión. 2225.
