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lunes, abril 22, 2024

La batalla de los saberes

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Esta nota es la primera de una serie que vengo escribiendo sobre el pensamiento posmoderno, fundamental para comprender la crisis a que nos llevan el Pacto Histórico, la Alianza Verde y otros partidos de izquierda afiliados o no al Foro de Sao Paulo, antisemitas y aliados de movimientos terroristas como Hamás y de regímenes totalitarios como Irán, Venezuela, China y Rusia.
Pretendo mostrar que el posmodernismo no es tan difícil de entender como parece, pues con tres o cuatro principios básicos se hace asequible para cualquier ciudadano que no haya tenido la oportunidad de recibir un curso formal de filosofía en la universidad. Mi plan hace parte de la promesa planteada en 2019 de discutir el concepto de Yuval Noah Harari “Soy un algoritmo” o de la inexistencia del sujeto como una entidad, “realidad” o presencia.
Muchos lectores encontrarán en el título de esta columna una referencia al libro escrito por Agustín Laje, La batalla cultural. Eso no es gratuito, porque el libro de Laje me decepcionó como me han decepcionado varios influenciadores de YouTube cuando se refieren a los autores posmodernos. Tal es el caso del profesor argentino de filosofía Darío Sztajnszrajber, autor del libro Filosofía en 11 frases; de Silvana Robles, Pablo Muñoz Iturrieta, Agustín Laje, Roxana Kreimer, Rafael López Borrego y Claudio Álvarez Terán. Este último se limita a transcribir extractos de los textos, pero no los explica.
Es imposible cuestionar los planteamientos de Judith Butler o de Paul Beatriz Preciado, ambos posmodernos e ideólogos de la teoría Queer, si no se entienden sus planteamientos, y todos los influenciadores citados cometen ese desatino.
Mi tesis: Quienes suscribieron el Acuerdo de Paz no tenían idea de la barbarie del enfoque de género, como tampoco la teníamos los colombianos que votamos el plebiscito. Corolario: El gobierno de Gustavo Petro está aplicando una confusa mezcla de ideologías con el único propósito de dañar nuestra economía y nuestras instituciones en un intento similar al de la izquierda chilena con la Constitución Nacional rechazada por el pueblo. Y hasta nuestra Corte Constitucional ignora el fraude.
Para este propósito me centraré en un libro excelente, Dysphoria mundi, disforia del mundo, escrito por el transgénero español Paul Beatriz Preciado. Muestra de forma muy clara, y a veces poética e irónica, la diferencia entre la modernidad, es decir, nuestra forma de pensar o episteme –como la llama Michel Foucault— y el posmodernismo. No se trata de una batalla cultural; es una batalla epistémica, que es distinto, como voy a explicarlo.
La pelea no es como la plantea Francia Márquez, una batalla de saberes de indígenas y negros contra la ciencia y los saberes de los blancos civilizados; es una batalla entre la modernidad nuestra y el posmodernismo de la izquierda. El título de Doctora en Educación Honoris Causa concedido a Francia Márquez por la Universidad Pedagógica es una burda jugada política. ¿Qué puede enseñar su mente infantil fuera de odio y venganza raciales? De malas.14

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