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jueves, abril 25, 2024

Jesucristo. Muertes, tumbas y epitafios (I)

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Muchas historias políticas y sentimentales se han tejido sobre la vida y muerte de Jesús de Nazareth. 12 polémicos libros, entre ellos, “La muerte del Mesías” del sacerdote estadounidense Raymond Eduard Brown; “La vida secreta de Jesucristo” del aventurero ucraniano NIkolai Notovich y “La historia oculta de Cristo” del escritor argentino José Luis Parise. La ópera rock “Jesus Christ Superstar” de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice (1971) y 2 de las 7 películas (“La última tentación de Cristo” de Martín Scorsese <1988> y “La pasión de Cristo” de Mel Gibson <2004>), han recrudecido el debate. Las ácidas críticas de la comunidad judía por recrear su figura humana, fomentar el antisemitismo y el “mito del Deicidio” (el asesinato de Dios), y “conspirar” contra el Estado Judío, no se han hecho esperar. El documental de Discovery Channel (2007), es parte de la aguda controversia…

 

James Cameron y el periodista judío–canadiense Simcha Jacobovici, mostraron al mundo “La tumba de Talpiot”, descubierta al sur de Jerusalén en 1980. El llamado “Panteón familiar de Jesús de Nazareth” contenía varios sarcófagos, seis de ellos con algunas inscripciones. El análisis epigráfico que pone en entredicho la figura de la resurrección, descifró la frase aramea esculpida en uno de ellos: “Yeshua bar Yosef” (“Jesús, hijo de José”). Otros osarios portaban inscripciones en hebreo: “Miriam” (“María”) la madre; “Matía” (“Mateo”) y “Yosef” (“José”), hermanos de Jesús; “Judah”, el supuesto hijo de Jesús   y un rótulo orlado con flores que llevaba escrito en griego el nombre de “Mariamene e Mara” (“María Magdalena”). Este hecho desató una febril discusión entre arqueólogos, historiadores, teólogos y políticos; sionistas, católicos, islamistas, marxistas y masones…

 

Las familias judías cubrían los cuerpos de sus muertos con mantos y los dejaban insepultos sobre rocas, a manera de tumbas, donde permanecían en estado de descomposición por un año, lo que purificaría sus despojos descontaminándolos del “mal de la carne”. En uno de los doce osarios de piedra caliza encontrados cerca de Talpiot en 1910, se encontró la tumba de “Kaiapha”, nombre que el historiador Flavio Josefo atribuye a Caifás, sumo sacerdote saduceo nombrado por el procurador romano. Este hombre intrigante, supuesto “embuste” de los cuatro evangelistas, fue quien lideró el complot para arrestar, enjuiciar y ejecutar a un hombre rebelde y sedicioso llamado Jesús de Nazareth. Tras la crucifixión, su cuerpo fue puesto en una tumba la cual era propiedad de su tío abuelo José de Arimatea, miembro del sanedrín y decurión (ministro) del imperio romano.

 

Fue en ese lugar del Gólgota (“Calavera” en lengua aramea), en la Jerusalén vieja que divide la zona oriental (árabe) de la occidental (judía), donde se testimonió el acto palingenésico y se erigió la basílica del Santo Sepulcro, lugar de peregrinación desde el siglo V. Es allí donde habita Bartolomé I, el patriarca ortodoxo. El sello etnocéntrico británico impreso sobre las tradiciones culturales y creencias religiosas de sus colonias de ultramar, no se hizo esperar. En 1882, en una colina situada al norte de la Puerta de Damasco, el general inglés Charles George Gordon y su grupo de arqueólogos, encontró “otra tumba” de Jesús. Hoy día, es lugar de peregrinación de la iglesia anglicana y mormona y sede de la “Sociedad de la tumba del Jardín” (1894), encargada de conservar el templo y reunir la argumentación necesaria para configurar la “originalidad” de su tesis.

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1 COMENTARIO

  1. Interesante, muchas gracias, llamado y adhesión a la teología de liberación,

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