Neverg Londoño Arias
Muy cerca de Santiago de Chile y frente al Océano en una costa rocosa llena de piedras retorcidas y olas furibundas existió alguna vez un asentamiento de pescadores denominado “Las Gaviotas”; setenta metros de tierra con una humilde vivienda sobre la roca firme, poco a poco convertida en lugar de estudio y vivienda casi permanentes del poeta Pablo Neruda. Este fantástico lugar fue renombrado “Isla Negra” en memoria de cualquier lugar de la geografía del mundo anclado en la memoria de quien fuera un marinero de tierra firme.
“El Océano Pacífico se salía del mapa. No sabía donde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana”.
Pablo Neruda se hizo reconocer cuando aún realizaba sus estudios de pedagogía a los 19 años, el mismo día que publicó “Crepusculario”. Las expectativas de sus acuciosos lectores se consolidaron con “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Militante del partido comunista alternó su producción literaria con el ejercicio de la política y la diplomacia representando a Chile en diferentes lugares del mundo. Pocos días después del Golpe Militar y de la muerte de Salvador Allende, su cuerpo se fue apagando en forma inexplicable.
Su poesía canta todos los espacios del amor. “Farewell” es un reclamo a sí mismo en una etapa de la juventud llena de indecisiones:
“Desde el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira. Por esa vida que arderá en sus venas tendrían que amarrarse nuestras vidas. (…) Yo no lo quiero, Amada. Para que nada nos amarre, que no nos una nada (,,,) Desde tu corazón me dice adiós un niño. Y yo le digo adiós”.
En el “Poema 20” Neruda expresa el encantamiento de un momento de amor que se deja, rasgando el alma; casi como un eterno septiembre:
“Puedo escribir los versos mas tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos». (…) Yo la quise, y a veces ella también me quiso. (…) Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. (…) Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. (…) Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. (…) Mi alma no se contenta con haberla perdido. (…) Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. (…) Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido (…)”
Pablo Neruda e Isabel Urrutia reposan frente al mar de Isla Negra, al lado de la casa en la que se escribió la poesía mas linda que le canto “al amor, a la mujer, al vino y a los marineros que besan y se van”.
