Interrogantes

Héctor Tabares Vásquez

Resulta inevitable, quizás irresistible permitirle a la mente, a los estados anímicos y emocionales, divagar alrededor de determinadas circunstancias, de todos modos muy generalizadas en el orden mundial, además de inherentes a la condición de connatural y racional. Beneficiarse de los momentos pausados, de descanso, en dejar descorrer las cortinas del alma y darle pábulo a los interrogantes súbita o reiteradamente planteados en la interna o en último caso, exteriorizarse de forma tal, insistente, no quedando más alternativa diversa a la de especularse con ellos. En un comienzo, es la inclinación a indagarse la razón, el motivo, el porqué de la serie interminable de fallas, de errores capitalizados en el hombre, de ahora, antes y después, siendo o existiendo la suficiente cantidad y calidad de ejemplares vivos, inmemoriales, de experiencias vivenciadas en otros estamentos, acerca del método y del modelo de energía vital a llevarse a cabo, a fin de no incurrir en faltas de bastas repercusiones, de efectos inesperados, adversos. Es decir, de la inmensidad de espejos en los cuales podría mirarse y en lo sucesivo no caer en la repetición de conductas, de procederes impropios a la sana convivencia. No sería de recibo endilgar esta parte negativa del género a un sector concreto de la comunidad, en vista de posiblemente encontrar en las gentes afortunadas de obtener una cultura aceptable, ese conocimiento e idoneidad superior en comprender las cosas y no tuvieran la obligación de arrastrar el lastre de las condiciones anotadas. Empero, el tema no estriba en si se es o no capaz intelectualmente de avizorar las secuelas y consecuencias de la manera de sobrevivir, cuando las situaciones complejas del individuo van en contravía de una usanza o de un talante en especial. En muchas ocasiones asuntos referidos a la sensibilidad y de fenómenos ínsitos en el temperamento de alguien, susceptibles de inducir a comportamientos, presumiblemente no exclusivos de ellos por la posición social, tradicional o simplemente mortal. No son extrañas a las épocas pasadas, las insólitas y trágicas existencias de verdaderos portentos y genios en quienes parecería imposible acudieran a tomar decisiones suicidas o a intentar resolver sus problemáticas echando mano de un procedimiento un poco ortodoxo. Tampoco ajenos los arquetipos de vida inculcados, presentados en buena hora, de las narrativas en cuyo seno aparecen involucrados los ejemplos y las orientaciones encaminadas a generar un ser y estar liberado de perversiones y pasiones, pero a la inversa, también figuran en la cara de la historia, aquellas actitudes enmarcadas en la adicción, el ardor y la fogosidad, los desórdenes y las anómalas biografías reflejadas en la bitácora de los humanos. Para expresarlo en un lenguaje llano y preciso, no aprendemos la lección y nos seguimos preguntando, cuestionando unos irregulares estilos de actuar, su fundamento y causa.

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